Mediante actividades prácticas, trabajo en equipo y proyectos de mapeo, un grupo de jóvenes aprenden que los drones pueden utilizarse para estudiar cultivos, inspeccionar estructuras, explorar el océano y responder preguntas de sus comunidades.
Cuando Keren González Mendoza llegó al campamento de drones de 4-H, no imaginaba que al finalizar la semana estaría piloteando una aeronave, trabajando como parte de una tripulación y hablando con entusiasmo sobre agricultura, fotografía y biología marina.
La joven de 13 años, originaria de Novato y próxima a ingresar al octavo grado, había utilizado drones pequeños cuando era niña, pero con el tiempo perdió el interés. Fue su mamá, Karen Mendoza, quien encontró información sobre el campamento y la animó a participar.
Al principio, la adolescente no estaba convencida.
“Me dijo: ‘No, mamá, yo no quiero saber nada de drones’”, recordó Mendoza. El primer día, Keren regresó a casa abrumada por la cantidad de información. Pero para el segundo día, su actitud había comenzado a cambiar.
“Llegó muy emocionada, muy contenta”, dijo Mendoza. “Me dijo: ‘Mamá, es muy interesante lo que estoy aprendiendo’. Definitivamente quiere aprender mucho más”.
Esa transformación se hizo evidente en las conversaciones familiares. Cada tarde, Keren regresaba con nuevas palabras, preguntas e historias sobre lo que había visto.
Uno de los momentos que más la sorprendió fue observar un dron agrícola de gran tamaño.
“Les dije que habían traído un helicóptero más grande que la mesa que tenemos en mi casa”, contó Keren.
La joven aprendió que estas aeronaves pueden utilizarse para observar cultivos, recopilar imágenes e identificar las necesidades de las plantas.
La experiencia formó parte de Sky Mappers: Agricultural Drones and GIS Mastery, un currículo de 17 lecciones diseñado para jóvenes de 13 a 18 años.
El programa introduce a los participantes al uso de drones, sensores remotos y sistemas de información geográfica —conocidos como GIS por sus siglas en inglés— como herramientas para investigar la agricultura, los sistemas alimentarios, las condiciones ambientales y los problemas que afectan a sus comunidades.
A lo largo de aproximadamente 25 horas de actividades, los jóvenes avanzan desde el reconocimiento de diferentes tipos de drones y sus equipos hasta la planificación y realización de una misión.
También aprenden reglas de vuelo responsable, cuidado del equipo, identificación del espacio aéreo, comunicación entre los miembros de la tripulación y rutinas de seguridad antes de despegar.
Después de practicar vuelos supervisados, los participantes exploran cómo las fotografías captadas desde el aire pueden convertirse en mapas y datos útiles mediante GPS, unión de imágenes, sensores y programas especializados como ArcGIS Drone2Map.
Para Steven Worker, asesor de Desarrollo Juvenil 4-H, el atractivo de los drones puede convertirse en una puerta de entrada hacia aprendizajes mucho más amplios.
“Los adolescentes consideran que los drones son interesantes y emocionantes, y han sido una excelente manera de involucrar a más jóvenes en nuestros programas de 4-H”, dijo Worker.
Sin embargo, explicó, aprender a volar una aeronave es solo una parte de la experiencia. Los jóvenes también conocen las consideraciones legales y éticas relacionadas con el uso de imágenes, trabajan en equipo, diseñan proyectos y presentan sus resultados.
Aprender a trabajar como una tripulación
Durante el campamento, Keren desempeñó diferentes funciones dentro del equipo de vuelo. Aprendió que una misión no depende solamente de la persona que controla el dron.
“El piloto obviamente vuela el dron y tiene que poner atención”, explicó. “Después está el observador visual, que está mirando el dron y le dice al piloto si viene un pájaro, un avión o si le va a pegar a un árbol”.
La tripulación también incluye a una persona encargada de registrar las observaciones y los detalles de la misión.
En una de las actividades, Keren fue piloto y observadora visual. Su equipo diseñó una misión para tomar imágenes de un marcador deportivo e identificar posibles daños.
El proyecto permitió a los participantes practicar el proceso completo: definir una pregunta, planificar una misión segura, recopilar imágenes, procesar la información, interpretar los resultados y presentarlos ante sus familias.
Para Mendoza, observar a su hija hablando frente a una audiencia fue otro de los grandes beneficios de la experiencia.
“Cuando te expones desde una edad temprana a hacer presentaciones de esta índole, eso te da seguridad, ayuda a tu autoestima y te da práctica”, dijo.
Mendoza consideró que esas experiencias pueden preparar a los jóvenes para comunicarse en la preparatoria, la universidad, una entrevista de trabajo o un entorno profesional.
Descubrir carreras que no conocían
Antes del campamento, Keren no sabía que existía una variedad tan amplia de trabajos relacionados con los drones.
Durante la semana descubrió que pueden utilizarse para tomar fotografías de viviendas, producir videos, inspeccionar estructuras, estudiar cultivos y explorar ambientes submarinos.
La fotografía aérea fue uno de los primeros temas que llamó su atención.
“Cuando veo los periódicos, tienen fotos desde arriba de las casas, del océano y de todo eso”, dijo. “Me llama la atención tomar fotos”.
Pero fue la posibilidad de utilizar drones en la biología marina la que despertó especialmente su curiosidad.
“A mí me gusta mucho el océano”, dijo Keren. “Con los drones puedes tomar fotos, aprender todo lo que está debajo del agua y ver animales que no se ven con el ojo humano”.
El descubrimiento fue significativo para una adolescente que también tiene interés por la actuación, la lectura, la escritura y el diseño gráfico.
El campamento no le pidió que eligiera inmediatamente una profesión. En cambio, le permitió explorar cómo la tecnología puede conectarse con sus intereses y abrirle posibilidades que anteriormente no conocía.
“A mí me gusta porque les enseñan a los jóvenes las oportunidades que hay y todas las carreras que pueden hacer, que probablemente no habían considerado”, dijo.
Su consejo para quienes no están seguros de participar en un programa nuevo es sencillo:
“Pruébalo y, si no te gusta, está bien. Es bueno probar un poco de todo y encontrar lo que te gusta”.
Seguridad y responsabilidad
Steven Worker, asesor de Desarrollo Juvenil 4-H, conversa con estudiantes sobre el uso responsable de drones y sus aplicaciones en la agricultura, el medioambiente y la investigación comunitaria. Fotografía Miguel Sánchez.Además de aprender a pilotear, los participantes recibieron instrucción sobre las reglas que deben seguir quienes operan drones.
La Administración Federal de Aviación establece las normas de seguridad que deben seguir los pilotos recreativos, entre ellas conocer las reglas del espacio aéreo, mantener la aeronave dentro de su línea visual y completar la prueba de seguridad TRUST.
Keren explicó que la capacitación le permitió comprender que volar un dron también implica una responsabilidad.
“La certificación es para que, si andas volando un dron, ya conozcas las reglas”, dijo.
El currículo cuenta además con una guía para educadores que ofrece información sobre seguridad, regulaciones locales, materiales y equipo necesario para implementar las actividades.
Algunas de las lecciones requieren drones o computadoras, mientras que otras pueden realizarse sin estos recursos. Cada actividad incluye objetivos de aprendizaje, preguntas iniciales, procedimientos y un espacio de reflexión.
Una oportunidad para las familias latinas
Para Mendoza, la experiencia también puso de relieve la importancia de acercar este tipo de programas a las familias que no siempre conocen las oportunidades educativas disponibles.
Ella encontró la información sobre el campamento a través de la página de la ciudad de Novato. Hasta ese momento, no conocía el programa 4-H y su hija nunca había participado en una experiencia similar.
“Sentí que este campamento era una oportunidad única porque mi hija no había estado expuesta a un ambiente como este”, dijo.
Como madre latina, Mendoza consideró especialmente importante que su hija pudiera verse dentro de un espacio relacionado con la ciencia y la tecnología.
“Muchas veces es la falta de conocimiento”, dijo. “No sabemos que existen otras ramas, más allá de ser doctor, ingeniero o abogado”.
En su opinión, la representación puede ayudar a los jóvenes y a sus familias a comprender que los espacios científicos también les pertenecen.
“La presencia cuenta”, dijo. “Cuando ves a alguien como tú, te sientes representado. Sin hablar, te está diciendo: ‘Sí, este espacio también es para ti’”.
Mendoza espera compartir la información con otras familias de su comunidad, especialmente con padres que desconocen los recursos de 4-H o que podrían pensar que los programas científicos no están dirigidos a ellos.
“A veces nos aislamos porque pensamos que esos lugares no son para nosotros”, dijo. “Todo lo contrario. Nuestra cultura puede seguir aportando riqueza a cualquier campo profesional donde tengamos la oportunidad de estar”.
Una semilla para el futuro
El currículo puede implementarse en clubes 4-H, programas extracurriculares, academias, campamentos de verano y otros espacios educativos relacionados con la agricultura, el medioambiente y los sistemas de información geográfica.
El Programa de Desarrollo Juvenil 4-H de California ofrece clubes, campamentos y programas de enriquecimiento en todo el estado. Las actividades disponibles varían según el condado.
Las familias interesadas en conocer más oportunidades pueden consultar la página Únete a California 4-H.
Aunque el campamento duró solamente una semana, Mendoza considera que la experiencia ya dejó una huella en su hija.
Keren, quien normalmente es reservada y no siempre comparte ampliamente lo ocurrido durante su día, comenzó a regresar a casa hablando sobre drones agrícolas, vuelos, océanos, mapas y posibles carreras.
“Esta semana me ha estado compartiendo mucho de lo que ha hecho y de lo que ha aprendido”, dijo Mendoza. “Esa es una buena señal de que la semillita quedó sembrada y estoy completamente segura de que va a dar fruto”.
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