Por Jackie Wattles, CNN
La aspiración de devolver astronautas estadounidenses a la Luna ha estado en limbo durante décadas, debido a que los planes han sido adoptados y rechazados de una administración presidencial a otra. Sin embargo, en 2026, ese objetivo cobrará un enfoque más claro.
El programa Artemis de la NASA —una iniciativa anunciada en 2017 no solo para regresar astronautas a la Luna, sino también para eventualmente establecer una base lunar permanente— finalmente está a punto de lanzar su primer vuelo tripulado.
La histórica misión, denominada Artemis II, está programada para despegar en febrero. El tan esperado viaje marcará la primera vez que astronautas se aventuren más allá de los límites de la órbita terrestre baja desde la última misión Apolo en 1972.
Artemis II enviará a un grupo de cuatro astronautas —Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch de la NASA, así como Jeremy Hansen de la Agencia Espacial Canadiense— en un viaje alrededor de la Luna.
Pero regresar al espacio profundo después de una pausa de más de cinco décadas no está exento de desafíos. Aunque la NASA se apoya fuertemente en los aprendizajes del programa Apolo, las misiones Artemis perseguirán objetivos mucho más complejos utilizando algunas tecnologías nuevas.
Como ocurre con cualquier misión al espacio, la incertidumbre es inevitables. Y nada está garantizado.
“Lo más importante en lo que estamos trabajando —refinando y perfeccionando— es: ¿cómo manejamos lo desconocido?”, dijo Hansen durante una conferencia de prensa en septiembre.
La tripulación no llevará a cabo una repetición exacta de ninguno de los vuelos Apolo. En cambio, Artemis II busca probar y verificar los diversos sistemas y componentes de la nave espacial de la tripulación, llamada Orion. Circunnavegará la Luna en una trayectoria de tirachinas diseñada para traer a los astronautas de regreso a la Tierra, incluso si algo sale mal y el sistema de propulsión de la cápsula falla.
A diferencia de las misiones Apolo que entraron en una órbita lunar baja, Artemis II utilizará una trayectoria de vuelo mejor adaptada al diseño y la masa de Orion. La nave realizará un gran bucle alrededor de la Luna, en lugar de volar en círculos cerrados cerca de la superficie.
Y aunque los miembros de la tripulación no intentarán un alunizaje, su trayectoria ofrecerá una vista única de nuestro vecino celeste más cercano.
“Podríamos ver partes de la Luna sobre las que nunca se han posado ojos humanos”, dijo Koch durante una conferencia de prensa en septiembre. “Y hemos estado aprendiendo cómo convertir esas observaciones en ciencia tangible”.
La misión también despegará en un contexto de drama geopolítico, ya que legisladores han dejado claro que consideran la exploración lunar como una prioridad política ante el rápido avance del programa espacial de China. Artemis II está destinada a servir como una misión pionera, allanando el camino para que astronautas alunicen en la región del polo sur por primera vez en la historia más adelante en esta década.
Como ocurre con cualquier misión que se aventura más allá de la órbita terrestre baja, partes del viaje serán agonizantemente solitarias.
“Durante los 45 minutos en que estemos más cerca de la superficie lunar, también estaremos fuera de contacto —tendremos una LOS, en términos de la NASA, una pérdida de señal”, comentó Glover en septiembre. “Me encantaría que el mundo entero —esas 8.000 millones de personas… pudieran unirse y simplemente esperar y rezar para que recuperemos la señal”.
No obstante, enfatizó Glover, el objetivo de regresar astronautas a la Luna es comprender mejor los vehículos y sistemas necesarios para sostener la vida humana y navegar en un entorno tan hostil.
Cuanto mejor se comprendan los límites y capacidades, más cerca estará la NASA de alcanzar su objetivo de establecer un asentamiento lunar permanente donde los astronautas puedan trabajar y entrenar mientras se preparan para afrontar misiones aún más complejas, quizás a Marte.
Incluso los errores, dijo Glover, “serían un recordatorio, un punto de datos que todos compartimos de que podemos lograr cosas desafiantes, muy grandes e importantes cuando trabajamos juntos”.
Cuando la misión Artemis II despegue, la tripulación estará asegurada a bordo de la cápsula Orion mientras viaja al espacio sobre el gigantesco cohete Space Launch System de la NASA. La misión podría despegar del Centro Espacial Kennedy de la agencia federal en Florida el 6 de febrero, según la agencia.
Después de maniobrar hacia la trayectoria correcta, Orion se separará del motor superior del cohete SLS y comenzará a volar libremente. Durante varios días, Orion atravesará el vacío de 385.400 kilómetros entre la Tierra y la luna.
A tales distancias, los astronautas enfrentarán un entorno de radiación mucho más severo que la gran mayoría de los viajeros espaciales.
Los astronautas que pasan tiempo en la Estación Espacial Internacional, que orbita apenas a unos cientos de kilómetros sobre la Tierra, aún están “dentro del manto protector que ayuda a protegernos de parte de ese clima espacial” que inunda gran parte de nuestro sistema solar con radiación, indicó Jacob Bleacher, científico principal de exploración dentro de la Dirección de Misiones de Desarrollo de Sistemas de Exploración de la NASA, en septiembre.
El impacto que ese entorno tiene en el cuerpo humano sigue siendo un misterio, agregó Bleacher.
“Hemos aprendido mucho de los astronautas que viajaron a la Luna anteriormente. Pero, aunque estudiamos la Luna, estudiamos nuestros sistemas; no necesariamente nos estudiamos a nosotros mismos como podemos hacerlo hoy en día”, dijo.
“La ciencia de Artemis es la ciencia de nosotros. Estaremos recopilando algunos de los datos de referencia aquí sobre cómo operan los humanos cuando se alejan de la Tierra”.
Los astronautas de Artemis II también volarán a bordo de un sistema de cohete y nave espacial que es muy diferente al de sus predecesores del programa Apolo.
Si bien Orion y el cohete SLS fueron puestos a prueba durante la misión Artemis I, que rodeó la Luna durante un vuelo de prueba sin tripulación en 2022, la NASA nunca ha probado los sistemas de la nave espacial, incluida la infraestructura de soporte vital, en el espacio.
El escudo térmico de Orion, que es un recubrimiento especial aplicado en la parte inferior de la nave espacial para proteger a los astronautas del calor extremo cuando la nave regresa a la Tierra, también será puesto a prueba definitiva.
El escudo térmico mostró un desgaste anormal durante la prueba de Artemis I. Trozos del material ablativo se desprendieron cuando la cápsula se precipitó de regreso a la densa atmósfera interna de la Tierra, un proceso que puede calentar el exterior de la cápsula a más de 2.760 °C.
El daño no fue catastrófico y el escudo térmico aún protegió adecuadamente la cápsula, pero la NASA pasó más de un año trabajando para abordar el problema. Y el desempeño del escudo térmico ha sumido a Orion en la controversia y la crítica.
“Nos sentimos muy confiados de que vamos a poder traer a nuestra tripulación de regreso a salvo en Artemis II”, dijo Lakiesha Hawkins, administradora asociada adjunta interina de la Dirección de Misiones de Desarrollo de Sistemas de Exploración de la NASA.
Los astronautas de Artemis II estarán lejos de ser pasajeros pasivos durante su travesía de 10 días.
A bordo, junto con los cuatro miembros de la tripulación, habrá una serie de herramientas que pueden usarse para evaluar su cognición, sueño, estrés, respuestas inmunológicas y salud cardiovascular.
También se llevarán pequeños chips con tejido de órganos humanos que recopilarán datos sobre cómo los cuerpos de los astronautas podrían responder al entorno del espacio profundo.
Finalmente, un conjunto de iniciativas científicas lunares que pueden utilizarse incluso sin aterrizar en la superficie de la Luna buscará mejorar la comprensión de la NASA sobre el terreno rocoso y riesgoso.
“Mientras Orion pase por el lado lejano de la Luna —el lado que siempre está orientado en sentido opuesto a la Tierra—, la tripulación analizará y fotografiará características geológicas en la superficie, como cráteres de impacto y antiguos flujos de lava, basándose en su amplia formación en geología tanto en el aula como en lugares de la Tierra similares a la Luna”, dijo la agencia espacial en un comunicado. “Este tipo de información revela la historia geológica de una zona y será fundamental recopilarla cuando los astronautas de Artemis III exploren la superficie”.
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