Análisis por Lex Harvey, CNN
En mayo de 2025, cuando el presidente Donald Trump lanzó su ya conocida amenaza de convertir a Canadá en el estado número 51, el entonces recién elegido líder del país, el primer ministro Mark Carney, respondió con calma y una sonrisa.
“Como bien saben por el sector inmobiliario, hay algunos lugares que nunca están a la venta”, contestó, provocando la risa de Trump, mientras ambos líderes se dirigían a los periodistas en el Despacho Oval.
El tono conciliador que Carney mostró durante esa primera reunión en la Casa Blanca ha definido en gran medida su enfoque para tratar con Trump, incluso a medida que la guerra comercial entre los antiguos aliados se ha agudizado y los ataques del líder de EE.UU. contra Canadá se han intensificado.
Mientras que Trump lanzó insulto tras insulto contra el hombre al que a menudo llama “gobernador”, Carney mantuvo una actitud cordial hacia su par estadounidense, al tiempo que defendió a Canadá en las negociaciones comerciales y en el escenario mundial.
Pero tras 18 meses de mandato del líder canadiense, con las negociaciones comerciales estancadas una vez más y una nueva y llamativa alianza floreciendo con la Unión Europea, parece que Carney dejó de lado la diplomacia.
En un momento que se ha vuelto viral, Carney se burló de los gestos con las manos característicos de Trump, que imitan el movimiento de un acordeón, durante un discurso pronunciado el viernes ante miembros de su Partido Liberal en Ottawa.
Al hablar de un importante acuerdo sobre energías limpias, que según Carney era el “equivalente funcional de 18 presas Hoover”, extendió las manos, imitando el gesto característico de Trump.
“18 presas Hoover”, repitió Carney con una sonrisa cómplice, provocando risas bulliciosas en la sala.
El discurso es un claro ejemplo de un cambio de tono más amplio por parte de Carney, quien en los últimos meses parece haberse sentido más cómodo burlándose del líder de EE.UU.
Este cambio de rumbo, que se produce después de que Canadá impusiera aranceles de represalia a Estados Unidos tras el fracaso de las negociaciones comerciales en agosto, es una señal de que Carney podría estar alejándose de una estrategia diplomática y, en ocasiones, conciliadora, que no ha dado resultado.
“Carney ha recibido su buena ración de insultos del Presidente de Estados Unidos, y ahora está cambiando su cautela propia de un banquero central por críticas cada vez más sutiles pero directas contra Trump”, declaró Fen Hampson, catedrático y copresidente del Grupo de Expertos en Relaciones Canadá-Estados Unidos de la Universidad de Carleton en Ottawa.
“No diría que se ha quitado los guantes del todo, pero los está aflojando”, opinó.
Carney, un tecnócrata de carrera que fue elegido por primera vez para un cargo público en 2025, está “desarrollando cierto gusto por los chistes políticos”, añadió Hampson.
Carney llegó al poder con el objetivo de suavizar la relación con Washington, que se había vuelto tensa bajo el mandato de su predecesor, Justin Trudeau, cuando Trump comenzó a amenazar con anexar Canadá al inicio de su segundo mandato.
Carney mantuvo este enfoque incluso cuando las relaciones entre Estados Unidos y Canadá se deterioraron y la brecha económica entre los países vecinos se amplió.
Durante una reunión en octubre de 2025, Carney halagó a Trump, calificándolo de “presidente transformador” y elogiando sus esfuerzos como mediador de paz mundial, mientras que Trump elogió al primer ministro como un negociador duro y un “líder de talla mundial”.
En su intento por aliviar la carga arancelaria de Canadá, Carney cedió ante Trump intensificando los esfuerzos para combatir el tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos —a pesar de que Canadá representa solo el 0,2 % de las incautaciones de esta droga en la frontera estadounidense— y cancelando un impuesto previsto sobre los servicios digitales que habría afectado a las empresas tecnológicas estadounidenses.
Se disculpó con Trump por un anuncio en contra de los aranceles que enfureció tanto al mandatario estadounidense que puso fin a las negociaciones comerciales.
Carney solía mostrarse muy cercano a Trump, intercambiando asientos con él en la cumbre del G7 en Francia a principios de este año, cuando el presidente se quejó de tener la “silla más baja”.
También respaldó públicamente a Trump en temas espinosos de política exterior, como la guerra de Estados Unidos en Irán.
Y en mayo, Carney continuó pregonando los beneficios de la cooperación con Estados Unidos, adoptando el propio lenguaje de Trump cuando le dijo a un líder empresarial en Nueva York que un Canadá más fuerte “hará que Estados Unidos vuelva a ser grande”.
Mientras tanto, Trump, conocido por criticar duramente a sus oponentes políticos, intensificó sus ataques contra Canadá y su líder, refiriéndose repetidamente a Carney como “gobernador” o simplemente “Mark”.
También llegó a llamarlo “desagradable” e “ingrato” e, incluso, publicó un meme de hockey generado por IA en el que Trump aparece de pie sobre un Carney con aspecto lesionado en el hielo al que le grita que “se levante”.
Carney se mantuvo en gran medida hermético ante los ataques personales de Trump. Pero en los últimos meses, demostró que puede responder con la misma moneda.
Reaccionó con dureza cuando el secretario de Defensa de Trump, Pete Hegseth, se burló de los miembros del programa de cadetes juveniles de Canadá en una publicación dirigida a X, lo que provocó una fuerte reacción a ambos lados de la frontera.
“Dejen de hacer memes, dejen de lanzar indirectas, dejen de intentar hacerse los duros”, declaró Carney ante los periodistas, en un mensaje dirigido a la administración Trump.
Carney exhibió este tono más relajado y directo durante su discurso ante el Parlamento Europeo la semana pasada, después de que el bloque comercial invitara a Canadá a convertirse en su primer “miembro asociado”, lo que provocó una nueva amenaza arancelaria por parte de Trump.
“No propongo un tercer bloque para convertirnos en una gran potencia rival, sino simplemente para que tenga mejores modales”, manifestó Carney en Estrasburgo, Francia.
En agosto, cuando su teleprompter falló durante una rueda de prensa, Carney lanzó otra indirecta apenas disimulada al presidente, diciendo: “A diferencia de cierto líder mundial, no lo veo como una conspiración”. (Cuando el teleprompter de Trump falló en la Asamblea General de las Naciones Unidas el año pasado, afirmó que se trataba de un “sabotaje”).
Eric Van Rythoven, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Carleton, comentó que Carney ha introducido un cierto “humor sutil” en su postura diplomática hacia Trump.
“Hizo todo ese trabajo diplomático conciliador, y no le sirvió de nada. Así que se necesita una nueva estrategia”, señaló Van Rythoven, quien investiga el papel de la burla en las relaciones internacionales.
“Trump es conocido por ser muy susceptible y extremadamente sensible a cualquier tipo de falta de respeto”, indicó Van Rythoven, especialmente si proviene de alguien como Carney, que es popular tanto en su país como en el extranjero.
Además de irritar a Trump, burlarse del líder de EE.UU. beneficia a Carney a nivel nacional, afirmó Imran Bayoumi, subdirector del Centro Scowcroft para la Estrategia y la Seguridad del Atlantic Council.
“La población canadiense apoya su postura de defender los intereses de Canadá, incluso si eso significa romper con Estados Unidos, su socio de larga data y vecino cercano”, apuntó.
En una encuesta reciente realizada por la firma de análisis canadiense Leger, el 41 % de los canadienses afirmó considerar ahora a Estados Unidos un país enemigo, un aumento de 15 puntos con respecto a junio de 2025. La mayoría (64 %) dijo que su opinión cambiaría si Trump dejara el cargo.
Aunque pueda provocar risas, la nueva estrategia de Carney hacia Trump podría augurar una era aún más fría en las relaciones, afirmó Van Rythoven.
“El hecho de que tengamos un primer ministro en funciones que se burle abiertamente del presidente de Estados Unidos marca un punto bajo dramático en la relación”, sostuvo.
Sin embargo, algunos analistas afirman que estas palabras podrían no causar un daño duradero.
Como figura habitual de los reality shows, Trump no es ajeno a las disputas personales, lo que podría facilitar que él y Carney hagan las paces, señaló Asa McKercher, titular de la Cátedra Hudson de Relaciones Canadá-Estados Unidos en la Universidad de San Francisco Javier en la provincia canadiense de Nueva Escocia.
“Está acostumbrado a las relaciones difíciles y conflictivas con otras personas”, agregó McKercher, citando cómo Trump ha ascendido a su gabinete a personas que en su momento se burlaron de él.
“Lo pasado, pasado está, se puede llegar a un acuerdo y remediar las cosas”, expresó.
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