Un punto de inflexión decisivo para la humanidad y la IA podría redefinir la política estadounidense ...Middle East

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Análisis por Stephen Collinson, CNN

Si una amenaza terrorista llevara a expertos en la materia a advertir de un peligro existencial inminente para la humanidad, todo el peso del Gobierno de Estados Unidos se movilizaría en un esfuerzo inmediato e ilimitado para salvar la situación.

Sin embargo, una notable sucesión de advertencias de líderes de empresas de inteligencia artificial de que su creación pronto podría superar la capacidad humana para controlarla ha sido recibida hasta ahora con indiferencia por los republicanos que gobiernan en Washington.

El presidente Donald Trump dijo el domingo que “fuerzas negativas” estaban imaginando “cosas que no van a suceder”. El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, rechazó un llamado a aprobar legislación de emergencia y le dijo a Jake Tapper, de CNN, que los ejecutivos de IA que están “ampliando las fronteras” podrían reducir el ritmo si quisieran, pero que el Congreso no debería apresurarse a actuar. Ambos hombres también advirtieron de que frenar la industria estadounidense de IA daría ventaja a China en la carrera por la superinteligencia, planteando el debate menos como una cuestión de seguridad tecnológica y más como una cuestión de seguridad nacional.

La inacción republicana contrasta con las crecientes advertencias de destacados demócratas, incluido el expresidente Barack Obama, de que, sin un freno a la tecnología impuesto por el Gobierno, el mundo cruzaría un umbral “peligroso”.

El crescendo de preocupación —especialmente porque proviene de los propios titanes de la industria de la IA— parece marcar un momento decisivo en la política.

La IA se ha convertido en un tema cada vez más importante en las elecciones de mitad de mandato. Candidatos de ambos partidos han aprovechado la indignación pública por la infraestructura de IA y han pedido moratorias a la construcción de los enormes y antiestéticos centros de datos que consumen vorazmente energía y agua.

Pero la hostilidad hacia la IA también está evolucionando hasta convertirse en un concepto comodín que cristaliza un momento de indignación y ansiedad pública por cuestiones muy diversas.

Aunque cada vez más estadounidenses utilizan esta tecnología, una encuesta de NBC News realizada este mes reveló que el 70 % de los encuestados sentía más preocupación que entusiasmo por la IA.

La IA está alimentando el temor a pérdidas masivas de empleos en un momento en que las encuestas muestran que la mayoría de los ciudadanos ha perdido la confianza en la economía de Trump. El aumento de las facturas de servicios públicos y la percepción de que los centros de datos son los culpables están agravando la crisis de asequibilidad, el principal tema de esta temporada electoral. Los escenarios alarmantes sobre la IA podrían afianzar la preocupación de los estadounidenses por el poder que ostentan unos pocos oligarcas tecnológicos multimillonarios que corren el riesgo de crear nuevas y peligrosas tensiones sociales. Y la posibilidad de que China u otros actores no estatales puedan aprovechar los avances de la IA para amenazar a Estados Unidos constituye, en efecto, un auténtico dilema de seguridad nacional con importantes implicaciones políticas para los próximos años.

Este entorno político en rápida evolución puede convertir a la IA en un tema aún más decisivo en las elecciones intermedias y en las presidenciales de 2028. Los demócratas esperarán generar el tipo de energía política capaz de redefinir las contiendas e impulsar el cambio, especialmente si recuperan la Cámara de Representantes o el Senado. Los republicanos, temerosos de una reacción adversa al segundo mandato de Trump, difícilmente necesitan otro tema ante el cual él parezca indiferente a la percepción pública.

La política en torno a la IA alcanzó un nuevo nivel la semana pasada.

El CEO de Anthropic, Dario Amodei, escribió el sábado que era necesario frenar el avance de la industria. En una entrevista exclusiva con Anderson Cooper, de CNN, cuya emisión íntegra está prevista para este lunes, pidió a los líderes del sector de la IA que trabajaran juntos para evitar que la tecnología perjudique a la humanidad.

El sábado, Sam Altman, CEO de OpenAI, publicó en X que estaba de acuerdo con Amodei y pidió la incorporación de “evaluadores independientes” en las empresas de IA. Elon Musk, cuya empresa xAI impulsa el chatbot Grok, escribió en X: “Dario tiene razón”. Demis Hassabis, presidente de DeepMind, de Google, también se sumó al coro. Todo esto se produjo después de una impactante advertencia del investigador de IA Jacob Coxon: “Las personas que desarrollan la IA creen sinceramente que podría matarnos a todos antes de que termine la década”.

Las reacciones marcadamente distintas ante esta extraordinaria serie de alertas reflejan algo más que la polarización de Washington; revelan un consenso fracturado sobre si la IA representa realmente una amenaza para la humanidad.

Los críticos temen que los agentes computarizados puedan llegar a ser tan poderosos que podrían conspirar para destruir el mundo. Los escépticos descartan las advertencias catastrofistas. Acusan a los magnates tecnológicos de exagerar las virtudes de sus propios productos. Y el alarmismo ha acompañado a los avances tecnológicos desde la Revolución Industrial.

La controversia también tiene un componente ideológico debido a la inclinación de la administración Trump por una regulación mínima, que no distingue entre las industrias tradicionales y un sector de la IA mucho más poderoso.

Trump también tiene fuertes incentivos personales y políticos para oponerse a una desaceleración.

La industria de la IA es un gigantesco motor de crecimiento y él no puede permitirse que la burbuja estalle y empeore su posición política. Y sus críticos se preguntarán si las inversiones personales en la economía digital de funcionarios de la administración interferirán con su capacidad para supervisar de manera imparcial la industria de la IA.

Los vertiginosos avances en un sector complejo y opaco significan que la IA no se limita a repetir el patrón histórico de las nuevas tecnologías que superan la capacidad de los gobiernos para regularlas. No está claro que los líderes que tendrían que actuar comprendan siquiera plenamente sus características y posibles amenazas.

Y Trump plantea un argumento válido cuando advierte de que Estados Unidos estaría cediendo una ventaja militar a su rival superpotencia si se rezagara en materia de IA. “Estamos por delante de China en IA. Somos el país más sofisticado del mundo y, francamente, quiero que siga siendo así”, declaró el domingo a los periodistas.

Otros funcionarios de la administración advierten contra un desarme unilateral de Estados Unidos en materia de IA. Kevin Hassett, director del Consejo Económico Nacional, dijo en “State of the Union” que el “riesgo mucho mayor” era que “un actor malintencionado” con planes relacionados con armas biológicas pudiera usar “una IA mejor que la que tenemos para protegernos”.

Limitar la IA en beneficio de la humanidad exigiría un acuerdo internacional. Pero esto requeriría el tipo de soberanía compartida que Trump desdeña y contradiría el principio de la administración de que todos los aspectos del poder de Estados Unidos deben desplegarse para reforzar su dominio unilateral.

¿Y respetarían las nuevas reglas los autoritarios extranjeros o los actores no estatales?

Aun así, los agentes informáticos autónomos no solo amenazarían a las democracias. También pondrían en entredicho el principio rector fundamental del Partido Comunista de China: el uso del poder estatal para imponer la estabilidad nacional. Está previsto que Trump celebre este mes una cumbre en Washington con el presidente Xi Jinping, que ambos podrían aprovechar para labrarse una posición de liderazgo mundial.

Pero la actitud de Trump ante las advertencias catastróficas sobre una IA fuera de control sugiere que ha reflexionado poco a fondo desde un punto de vista filosófico en un momento decisivo para la raza humana. “No le estoy restando importancia, pero, ya saben, va a ser mucho más buena que mala”, dijo Trump a los periodistas el domingo a bordo del Air Force One.

“Todo va a estar bien”, dijo el presidente a GB News la semana pasada. “Siempre tendremos algo para detenerlos. Tendremos un pequeño dispositivo. Bum”.

El enfoque displicente de Trump recuerda su respuesta temeraria al covid-19, que frustró sus prioridades políticas y económicas. En una ocasión sugirió que el país tendría menos casos confirmados del virus si simplemente dejara de hacer pruebas.

Una actitud de laissez-faire define su administración. David Sacks, copresidente del Consejo de Asesores del Presidente sobre Ciencia y Tecnología, escribió el sábado en X que los líderes de la IA deberían asumir la responsabilidad de su industria. “Dejen de fingir que necesitan el permiso de alguien más”.

Aun así, existe una importante preocupación bipartidista. El senador republicano por Texas Ted Cruz dijo que “necesitamos una regulación sustancialmente mayor en lo que respecta a la IA”, en una entrevista con Politico la semana pasada. El senador independiente por Vermont Bernie Sanders ha propuesto un proyecto de ley para prohibir permanentemente la IA superinteligente y pausar temporalmente el desarrollo de IA avanzada hasta que haya una regulación federal. El senador Josh Hawley, republicano de Missouri, inició la semana pasada una investigación sobre OpenAI por un ataque no autorizado de sus agentes de IA contra otra empresa, Hugging Face, en julio.

Pero destacados demócratas están presionando para que el Gobierno responda mucho más rápido mientras se preparan para las elecciones intermedias de noviembre. El líder demócrata de la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, dijo el domingo en “This Week” de ABC News que el Congreso debería tomar “medidas decisivas” para frenar el desarrollo de la IA y prometió que los demócratas se reunirían esta semana para acordar un plan.

El senador demócrata Ruben Gallego advirtió: “Cuando creamos un arma nuclear, el arma nuclear no tenía la capacidad de decisión para lanzar un arma nuclear. La IA tiene y tendrá la capacidad de tomar decisiones de ese tipo”.

“Esto se parece más al Dr. Frankenstein diciéndonos: ‘El monstruo anda suelto, ayúdenme a detenerlo’”», dijo el legislador de Arizona en “State of the Union”.

Algunos expertos en IA creen que tales escenarios exageran la capacidad de la IA. Pero eso quizá no importe desde una perspectiva política si aumenta la ansiedad pública.

Puede que a Trump no le guste, pero esta pregunta ahora parece crucial para las elecciones intermedias y para la política estadounidense en general: ¿Quién controla la IA: la humanidad o las máquinas?

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