Análisis por Ivana Kottasová y Brad Lendon, CNN
Cuando el presidente estadounidense Donald Trump lanzó su guerra con Irán, la calificó de “excursión” que duraría apenas unas semanas. Seis meses después, el conflicto se ha convertido en una pesadilla para casi todos los que están involucrados, aunque sea mínimamente.
Ha sido un desastre para el pueblo iraní, para los millones de personas que viven en otros lugares de Medio Oriente y para los consumidores de todo el mundo que están lidiando con precios más altos.
Sin embargo, los objetivos bélicos de Trump siguen sin cumplirse, a pesar de que las condiciones cambian constantemente: desde exigir inicialmente una rendición total de Irán, un cambio de régimen y el abandono de las ambiciones nucleares de la República Islámica, hasta demandar más recientemente simplemente la reapertura del estrecho de Ormuz y la detención del programa nuclear de Teherán.
Pero las consecuencias imprevistas de la guerra se han extendido mucho más allá de Medio Oriente, afectando a la seguridad mundial, mermando la posición de Estados Unidos en el ámbito internacional y, potencialmente, brindando a sus adversarios la oportunidad de expandir su influencia.
Mientras la administración Trump concentra toda su energía en intentar salir de la crisis autoinfligida en Irán, ha desviado la atención de otros posibles focos de conflicto globales en los que Estados Unidos ha estado involucrado durante mucho tiempo, incluidos Ucrania, Taiwán y el mar de China Meridional, y las dos Coreas.
Desde la decisión de Trump de reducir los ejercicios militares conjuntos anuales con Corea del Sur y retirar el único portaaviones estadounidense del Pacífico Occidental, hasta la grave escasez de interceptores de misiles balísticos en Ucrania, muchos de los efectos geopolíticos y de seguridad más importantes de la guerra podrían, en última instancia, sentirse mucho más allá de Medio Oriente, y aún no se han materializado.
Emily Harding, vicepresidenta del Departamento de Defensa y Seguridad del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, un centro de investigación con sede en Estados Unidos, afirmó que, si bien ninguno de los posibles focos de conflicto se ha convertido aún en una crisis a gran escala, existen buenas razones para estar preocupados.
“Este es el tipo de situación en la que los adversarios globales van a tomar nota y aprender más sobre cómo reacciona Estados Unidos en ciertos momentos para luego incorporarlo a su planificación. Pero todavía no hemos visto a nadie aprovecharse de ello”, indicó.
“Se trata más bien de que algunos cimientos se están debilitando, no de que estemos viendo cómo el edificio empieza a temblar”, opinó.
Los ataques estadounidenses-israelíes han provocado una furiosa represalia por parte de Teherán. Drones, misiles balísticos y otros proyectiles iraníes han estado cayendo sobre bases estadounidenses y aliados en todo Medio Oriente.
Mientras Estados Unidos y sus aliados agotaban sus reservas de armas, parte de la munición originalmente destinada a Ucrania fue desviada.
El presidente Volodymyr Zelensky, declaró a CNN este mes que su país solo contaba con una décima parte de los misiles interceptores que necesitaba con urgencia para detener el aumento de los ataques con misiles balísticos rusos.
La escasez está teniendo consecuencias devastadoras para los ucranianos: este verano ha sido el período más mortífero para la población civil desde mayo de 2022.
La crisis petrolera mundial, provocada por la decisión de Irán de cerrar de facto el estrecho de Ormuz, también ha debilitado la campaña de presión económica del Gobierno de Trump contra Moscú.
Ante el aumento del precio de la gasolina en las gasolineras estadounidenses, Trump tomó la controvertida decisión de levantar algunas sanciones a las exportaciones de petróleo ruso para enfriar el mercado. Al hacerlo, Estados Unidos contribuyó a que Rusia obtuviera más fondos para financiar la guerra en Ucrania.
La interrupción global del comercio de petróleo, gas y fertilizantes causada por el cierre del estrecho también ha ayudado a Rusia a encontrar nuevos clientes.
Alexander Gabuev, director del Centro Carnegie Rusia-Eurasia en Berlín, afirmó que esto quedó demostrado cuando el presidente Vladimir Putin recibió a los líderes de los países del sudeste asiático en la ciudad rusa de Kazán en junio.
“La asistencia en Kazán fue impresionante: Nueve de los once jefes de Estado de la ASEAN estuvieron presentes, junto con el ministro de Asuntos Exteriores de Indonesia y un representante especial de Myanmar. Sobre todo, estos hombres decidieron emprender el largo viaje a Rusia debido a los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, que han provocado un aumento en los precios de la energía y los fertilizantes”, afirmó.
En cierto modo, la guerra con Irán ha beneficiado a Ucrania. Ha hecho que el resto del mundo se dé cuenta de que los más de cuatro años de guerra han convertido a Kyiv en una superpotencia de drones y han propiciado una serie de acuerdos de cooperación en materia de seguridad y promesas de suministro de municiones con varias naciones.
La guerra con Irán ahora ensombrece otro posible foco de conflicto: la península coreana, que técnicamente lleva más de siete décadas en guerra ante la ausencia de un acuerdo de paz tras el conflicto entre Corea del Sur y Corea del Norte de 1950-1953.
Estados Unidos ha estado profundamente involucrado en la región, con unos 28.500 soldados estadounidenses estacionados en Corea del Sur.
Pero la relación, que se remonta a décadas atrás, sufrió un revés este año cuando Trump redujo drásticamente los ejercicios militares conjuntos anuales Ulchi Freedom Shield con Seúl, alegando en parte la falta de apoyo de Corea del Sur a la guerra contra Irán.
El presidente también ha manifestado su disposición a dialogar con el líder norcoreano Kim Jong Un, quien ha estado supervisando un aumento constante del arsenal nuclear de su país y los lanzamientos regulares de misiles.
Según los analistas, las consecuencias de la reducción de los ejercicios militares afectan a la preparación en caso de que la guerra se reanudara en la península coreana a corto plazo, y entre sus efectos a más largo plazo se incluye el alargamiento del tiempo necesario para que Seúl asuma el control de sus tropas en tiempos de guerra, algo que buscan tanto los surcoreanos como los estadounidenses.
Funcionarios surcoreanos anunciaron esta semana la cancelación en junio de un segundo ejercicio militar, que consistía en desembarcos anfibios programados para septiembre.
En dichos ejercicios participarían infantes de marina estadounidenses estacionados en la isla japonesa de Okinawa, cuyas unidades participaron en el bloqueo de los puertos iraníes.
También está la cuestión del suministro y la logística, incluyendo el traslado de algunos interceptores de misiles estadounidenses de Corea del Sur a Medio Oriente durante los combates.
El Pentágono no ha revelado cuánto del inventario de interceptores se trasladó, pero los analistas señalan que es probable que se produzcan escaseces a largo plazo de interceptores clave como el sistema Patriot.
El despliegue del portaaviones USS George Washington, con base en Japón, en el Mar Arábigo para relevar al asediado USS Abraham Lincoln deja a Estados Unidos sin portaaviones en el Pacífico durante un tiempo indeterminado en caso de que surja la necesidad de uno.
Estados Unidos ha mantenido una presencia continua en el Pacífico durante más de dos décadas, con la excepción de un periodo de varias semanas en 2024.
La ausencia de un portaaviones en el área de responsabilidad de la Séptima Flota de EE.UU. plantea interrogantes para otros aliados regionales.
Filipinas estará particularmente preocupada dada la creciente actividad china en el mar de China Meridional, en torno a formaciones geográficas en disputa como el arrecife de Scarborough, que se encuentra en la zona económica exclusiva de Filipinas pero que está controlado de facto por Beijing.
Las tensiones entre Manila y beijing se extienden hasta el banco de arena Second Thomas, que, al igual que Scarborough, se encuentra en las islas Spratly. En ambos lugares se han producido enfrentamientos marítimos entre personal filipino y chino.
Estados Unidos y Filipinas tienen un tratado de defensa mutua, y si las tensiones con China se intensificaran, no tener un portaaviones en la región podría poner a las fuerzas estadounidenses en clara desventaja, especialmente dadas las actuales dificultades con las reservas de municiones.
“Lo que más me preocupa es cómo se vería Estados Unidos en un posible conflicto con China”, declaró Harding. “No prevemos que eso ocurra pronto… pero si se produjera un conflicto con China, nos encontraríamos en una situación de escasez de municiones, específicamente de las que necesitaríamos para ese conflicto”.
La guerra podría tener otras consecuencias devastadoras. Por ejemplo, si otros actores intentan utilizar como arma otros puntos estratégicos del transporte marítimo internacional.
“Todavía no lo vemos, pero si más adelante llegara un punto en el que alguno de esos países quisiera hacerlo, sin duda podrían señalar esto como un precedente”, sotuvo Harding.
Añadió que la gravedad del impacto de la guerra dependerá principalmente de cuánto tiempo siga Estados Unidos combatiendo.
“La administración Trump tiene que decidir qué es suficiente para lograr un resultado, y si lo único que es suficiente es la destrucción total del programa nuclear y lo que Israel quiere, que es un Irán internamente fracturado y dividido, entonces eso implica un compromiso a largo plazo, tanto en vidas como en recursos, y la economía mundial va a sufrir las consecuencias a largo plazo”, señaló.
Pero Trump también podría decidir que bastaría con hacer que el programa nuclear fuera “inutilizable”, añadió, algo que él sugirió que podría lograrse manteniendo los emplazamientos clave, actualmente destruidos y bajo los escombros, inaccesibles para Irán mediante ataques cada vez que Teherán intente acceder a ellos.
“No es una solución ideal, pero es viable. Y si eso basta, y si la debilitada red de aliados de Irán es suficiente, entonces lo que realmente hay que abordar es el estrecho de Ormuz, y eso es difícil y un poco costoso, pero ni de lejos tan costoso como lo que está haciendo Estados Unidos ahora mismo”, planteó.
Y agregó: “Desde la perspectiva iraní, lo único que tienen que hacer es sobrevivir, y lo están haciendo. Así que pueden mantener esta situación durante el tiempo que quieran”.
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Con información de Peter Wilkinson, de CNN.
Seis meses después, la “excursión” de Trump en Irán corre el riesgo de desencadenar crisis mucho más allá de Medio Oriente News Channel 3-12.
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