Este artículo fue producido por Capital & Main y es publicado aquí con su autorización.
El Buckshot Deli & Diner es un oasis a lo largo de la carretera californiana abrasada por el sol que va de Calexico a Coachella, el único restaurante que queda en el poblado desértico de Niland.
El comedor, de forma cuadrada, con una puerta roja y molduras rojas adornadas con luces navideñas, lleva el nombre de los cazadores que disparan a patos y gansos cerca de las orillas sureste del Salton Sea. Cuando Vicky Hernandez compró el restaurante hace poco más de 10 años, mantuvo el nombre y la decoración —una cabeza de venado montada y gansos colgando del techo sobre paredes revestidas de madera— y añadió letreros escritos a mano anunciando birria, tamales y otras especialidades mexicanas.
Los últimos años han sido difíciles para el Buckshot. Primero llegó la pandemia, luego un incendio que destruyó decenas de viviendas y expulsó a personas del pueblo. Después vino otro incendio que consumió la oficina postal, seguido por fuertes inundaciones recientes que dañaron todavía más hogares. Hernandez y su esposo han operado el restaurante en ocasiones con solo un empleado. Los servicios públicos son caros, los impuestos son altos, dijo, y las cuentas se acumularon.
En medio de todo ello, un nuevo tipo de cliente comenzó a frecuentar el restaurante. Niland —población 1,116— es la comunidad más cercana al llamado Lithium Valley, donde un reservorio subterráneo de salmuera geotérmica cerca del Salton Sea contiene uno de los depósitos de litio más grandes del mundo. Supervisores visitaban el área del proyecto, donde el condado de Imperial propone desarrollar 51,000 acres de terreno mayormente sin urbanizar para energía renovable, extracción de litio e infraestructura asociada, recordó Hernandez, y luego pasaban al restaurante para almorzar.
Un edificio que se incendió en 2022 en Niland, California, continúa destruido el 24 de abril de 2026. El inmueble albergaba la oficina postal del pueblo, que no ha reabierto. (Foto de Zoë Meyers/Capital and Main)No eran el tipo de personas que preguntaban: ‘¿Cuánto cuesta?’”, dijo Hernandez en español. Lleva el cabello recogido, grandes aretes dorados de aro y una sonrisa cálida que hace que los clientes se sientan como en familia. “Eran clientes muy, muy buenos, pedían platos grandes de comida”.
“Fue como un destello de esperanza”, agregó.
El futuro económico de la región depende de planes promovidos desde hace tiempo por políticos y empresas para transformar Imperial Valley en un centro de energía verde, donde la minería de litio y la manufactura de baterías, así como proyectos solares y producción de energía geotérmica, convertirían este rincón olvidado de California en un proveedor clave para una economía global que avanza hacia los vehículos eléctricos. Los ambiciosos planes del condado de Imperial, descritos en dos informes que superan conjuntamente las mil páginas, proponen agilizar una amplia variedad de proyectos industriales para Lithium Valley.
Sus partidarios han prometido que los beneficios llegarán a los residentes locales. A unos ocho kilómetros del Buckshot, el gobernador Gavin Newsom apareció frente a un proyecto de procesamiento de litio durante una conferencia de prensa en 2023 y aseguró que la equidad, la inclusión y las oportunidades económicas están integradas en los planes de Lithium Valley. Pero en un lugar donde promesas anteriores de nuevas industrias, trabajos, servicios y amenidades nunca se concretaron, muchos habitantes desconfían de las promesas oficiales.
Mientras tanto, en otras partes del condado, desarrolladores realizan promesas similares de un futuro mejor al promover centros de datos y otras instalaciones que consumen enormes cantidades de agua y energía, proyectos que han encontrado fuerte resistencia por parte de residentes y defensores comunitarios.
Algunos, como Hernandez, ya han vivido al menos un impulso temporal gracias a la llamada fiebre del “oro blanco” para extraer litio, un mineral de color blanco plateado utilizado en baterías recargables. Otros expresaron confianza en que traerá empleos y servicios urgentemente necesarios al sureste de California. Restan importancia a las preocupaciones ambientales, señalando que la región rural ya enfrenta altas tasas de asma, alergias y contaminación por partículas, además de polvo tóxico proveniente del retroceso del Salton Sea y olores acrees de enormes corrales ganaderos y avionetas fumigadoras que sobrevuelan la zona.
Algunos clientes expresaron preocupaciones generales sobre los impactos ambientales y de salud del proyecto. Pero hubo acuerdo casi unánime en una cosa: la necesidad de más inversión en Niland.
Un edificio que se incendió en 2022 en Niland, California, continúa destruido el 24 de abril de 2026. El inmueble albergaba la oficina postal del pueblo, que no ha reabierto. (Foto de Zoë Meyers/Capital and Main)Hernandez y su familia se mudaron desde la bulliciosa Mexicali, al otro lado de la frontera entre Estados Unidos y México, hacia el diminuto Niland hace casi tres décadas. Su esposo trabajaba en un rancho local y estaba cansado de esperar cada mañana y cada noche para cruzar la frontera.
Desde entonces, ella y su esposo criaron a sus dos hijos allí. Su hijo ahora trabaja como oficial correccional en la prisión estatal de Calipatria. Su hija sirve en la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Sus padres ancianos también viven con ellos.
Con el tiempo aprendió a amar la tranquilidad de Niland y el hecho de que todos los conocen.
“Mírenme ahora”, dijo Hernandez, “la mujer más feliz del mundo aquí”.
Tener un restaurante era el sueño de Hernandez y todavía disfruta de su trabajo. El tono de llamada de su celular es el sonido de un pato graznando —marketing de guerrilla cuando está fuera del restaurante. El Buckshot abre los siete días de la semana, y ella y su esposo están ahí todos los días. Tiene cinco empleados, dijo, y ayuda donde haga falta: cocinando, sirviendo comida y lavando platos.
Quizás su función más visible sea como anfitriona. Hernandez trata el Buckshot como si fuera su sala de estar. Saluda a la gente por su nombre y las tazas de café aparecen frente a los clientes habituales antes de que se sienten. Bromea con los vecinos y se acomoda en una cabina acolchonada decorada con remolinos para admirar la manicura de una clienta de 87 años.
El restaurante es una labor que hace con amor, pero Hernandez dijo que ha encontrado otras maneras de pagar las cuentas. Trabaja como cuidadora de una mujer local, llevándole comida y transportándola a citas médicas. Su esposo todavía trabaja en el rancho. Además, renovaron varias casas que ahora rentan.
El restaurante no podría sobrevivir sin esos ingresos adicionales, afirmó. “Olvídalo — ni siquiera estaríamos en el mapa”.
Reconoce que Niland ha vivido tiempos mejores. Hoy, el corredor comercial del pueblo a lo largo de la Ruta Estatal 111 luce desolado. Restaurantes cerrados desde hace mucho tiempo todavía anuncian brisket cocinado lentamente y sándwiches frescos. Apenas 67 niños asisten a la escuela primaria local.
“Aquí no hay nada, aparte de una tienda y mi restaurante”, dijo. “Ni siquiera tenemos oficina postal”.
Cuando se les pregunta qué necesita la comunidad, los clientes responden rápidamente: más banquetas y actividades para niños y familias. Más negocios y restaurantes de comida rápida. Una oficina de servicios sociales y un parque acuático.
El condado, en su borrador de informe ambiental, estima que el desarrollo generará 40,000 empleos muy necesarios —incluidos 10,000 trabajos temporales de construcción— para el condado Imperial, donde la tasa de desempleo reportada en abril, de 16.5%, estaba entre las más altas de California.
Defensores comunitarios cuestionan esa cifra, señalando en comentarios públicos que algunas industrias autorizadas para Lithium Valley —incluyendo centros de datos, digestores anaeróbicos y plantas de hidrógeno verde— requieren pocos empleados de tiempo completo. En un condado donde el ingreso familiar promedio es menor a $61,000 dólares, otros dudan que el desarrollo vaya a proporcionar empleos de calidad, con salarios competitivos, beneficios y oportunidades reales de crecimiento.
Aunque el plan del condado para Lithium Valley no aborda el desarrollo dentro de Niland, la comunidad no incorporada podría recibir fondos provenientes de un impuesto especial a la extracción de litio, creado mediante una ley firmada por Newsom en 2022. La ley exige que el 80% del impuesto vaya al condado Imperial, reservando al menos el 30% para las comunidades más afectadas directa e indirectamente por la extracción.
Newsom, durante la conferencia de prensa de 2023, hizo referencia a que el impuesto beneficiaría a las comunidades locales y afirmó que la equidad “está literalmente escrita en las reglas y el marco regulatorio” del desarrollo. Pero como reportó KPBS, defensores, funcionarios electos e incluso el asambleísta que coescribió la ley han cuestionado la estructura de distribución de fondos del condado, argumentando que una mayor proporción debería llegar a comunidades históricamente desatendidas como Niland.
Hernandez entiende por qué mucha gente sigue escéptica.
Con demasiada frecuencia, dijo, las personas asisten a reuniones públicas —por ejemplo, para oponerse a aumentos en tarifas de servicios públicos— solo para ver cómo sus recibos aumentan de todas maneras. Cuando acuden a reuniones sobre Lithium Valley, agregó, son bombardeados con cifras, pero reciben poca información sobre cómo funcionarían realmente los proyectos.
Como Hernandez, los partidarios de Lithium Valley comprenden su potencial para traer empleos y desarrollo a la región.
Eric Montoya Reyes pasó recientemente por el Buckshot para comerse un plato de chile verde con frijoles —sin arroz.
Es director ejecutivo de Los Amigos de la Comunidad, una organización sin fines de lucro con sede en Brawley que recibió más de $78,000 dólares del condado para realizar participación comunitaria relacionada con los planes de Imperial Valley para acelerar proyectos en el área. Lo acompañaban un organizador del sindicato International Brotherhood of Electrical Workers y el gerente de proyectos de una empresa local de transporte.
Durante reuniones públicas facilitadas por Montoya Reyes en meses recientes, dijo haber escuchado a personas argumentar que agilizar permisos para proyectos futuros implicaría que el condado estaría renunciando a su capacidad para regular el desarrollo industrial y debilitando las protecciones de salud pública.
Montoya Reyes descartó esas preocupaciones, aunque dijo entender de dónde surgen.
“La gente aquí le teme a lo desconocido”, dijo. “Esta es una comunidad desconfiada, que no ha prosperado. Se han roto muchas promesas”
Jimmy Zavala se muestra optimista sobre la capacidad de Lithium Valley para proporcionar servicios críticos a la comunidad. Sentado en una cabina bajo la cabeza de venado montada, llevaba un sombrero de ala ancha.
Señaló las plantas geotérmicas de Imperial Valley, donde trabajó durante tres décadas. Imperial Valley se ha convertido en la principal región de América del Norte en producción de energía geotérmica, según la Imperial Valley Economic Development Corporation, y la industria es uno de los mayores empleadores de la zona.
La industria generó trabajos para camioneros, operadores de maquinaria pesada, soldadores y electricistas, dijo, además de aportar contribuyentes que inyectaron dinero a escuelas y gobiernos locales.
“Que venga la industria”, dijo. “Necesitamos ese impulso”.
Jose Perez es cliente habitual del desayuno. Dijo que su hijo de 25 años trabajó durante dos años en una planta experimental, ganando $40 dólares la hora más beneficios. Pero el experimento terminó y también su empleo. Aun así, confía en que Lithium Valley traerá trabajos a la comunidad.
“Uno de los beneficiados será mi hijo”, dijo Perez, “a quien seguramente le pedirán volver”.
Entonces Hernandez le sirvió un vaso de jugo fresco de vegetales, parte de su esfuerzo por bajar de peso y controlar la diabetes.
Ray Hernandez, de 75 años y visitante habitual del Buckshot por las mañanas, fue uno de varios clientes que expresaron preocupación por Lithium Valley.
Dijo haber escuchado “solo un poquito aquí y allá” sobre el proyecto. Cuando un reportero compartió algunos detalles del plan, respondió: “Esperemos que no altere la falla de San Andrés”.
Jesus Lopez trabaja para una empresa local de recolección de basura y desayuna en el Buckshot al terminar su ruta en Niland.
Vive a unos 40 minutos, en El Centro, pero teme que la contaminación derivada del desarrollo pueda enfermar a quienes viven cerca.
Horas después, cuatro trabajadores de mantenimiento de una planta geotérmica cercana pasaron por el restaurante a almorzar. Uno comentó haber escuchado rumores de que los proyectos podrían causar contaminación lumínica y sonora.
Un informe del condado concluyó que un aumento en operaciones geotérmicas podría derivar en mayor actividad sísmica en el área, y que los planes de Lithium Valley probablemente requerirán el uso, transporte y desecho de materiales peligrosos durante construcción y operación.
Angela Limon está más preocupada por un polémico centro de datos propuesto fuera de Lithium Valley, en la ciudad de Imperial. El desarrollador, Imperial Valley Computer Manufacturing, podría requerir alrededor de 750,000 galones de agua diarios, y el consumo de agua se ha convertido en un punto crítico del debate.
Limon trabaja como cuidadora de una residente anciana de Niland que come diariamente en el restaurante. Recientemente, dijo, su recibo del agua casi se cuadruplicó hasta alcanzar $198 dólares.
“Con ese centro de datos, no sé si vaya a subir aún más”, afirmó. “No puedo pagar eso”.
Durante sus años como propietaria del Buckshot, Hernandez ha dejado su huella en el restaurante.
Amuletos de la suerte —regalos de clientes— descansan sobre una repisa encima de las puertas abatibles de la cocina. Billetes de dólar están pegados a la pared sobre la caja registradora, “una alcancía para el retiro”, bromeó.
Junto a la parafernalia de caza, ahora las paredes también muestran reconocimientos enmarcados, incluido uno de la Asamblea Estatal de California que la nombró mujer resiliente del año.
Quizás Hernandez no llegue a descubrir si Lithium Valley dará un impulso duradero a su restaurante. Dos de las compañías que desarrollan proyectos de litio todavía no han asegurado financiamiento. Ninguna ha comenzado extracción comercial de litio, aunque el condado sostiene que pudieron haber iniciado trabajos el año pasado.
Hernandez tiene otros planes. Hace algunos años puso el Buckshot en venta. La incertidumbre alrededor de Lithium Valley no fue la razón —dijo que quiere dedicar más tiempo al cuidado de sus padres— y el anuncio inmobiliario destacaba que “el auge del litio solo añadirá valor a esta oportunidad”. Pero aun así le dolió tomar esa decisión.
El Buckshot también se había convertido en su oasis. Afuera del restaurante, los clientes entrecierran los ojos mientras se adaptan al sol implacable. Lithium Valley podría transformar esta región algún día, pero por ahora, al otro lado de la carretera frente al restaurante, no hay nada más que un campo.
Capital & Main es una publicación sin fines de lucro galardonada que reporta desde California sobre los problemas económicos, ambientales y sociales más urgentes de nuestro tiempo, incluyendo desigualdad económica, cambio climático, atención médica, amenazas a la democracia, odio, extremismo e inmigración.
You said:Hence then, the article about los suenos de lithium valley en california chocan con la realidad en el unico restaurante del pueblo was published today ( ) and is available on Times of San Diego ( Middle East ) The editorial team at PressBee has edited and verified it, and it may have been modified, fully republished, or quoted. You can read and follow the updates of this news or article from its original source.
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