Análisis por Stephanie Yang y Sylvie Zhuang, CNN
Cuatro meses después del último encuentro, el presidente Donald Trump y Xi Jinping intercambiaron cortesías durante la primera visita del líder de China a la capital estadounidense en más de una década.
Los dos líderes prorrogaron una tregua comercial, intercambiaron regalos y halagos, y reconocieron la posibilidad de trabajar juntos para contener los peligros del desarrollo de la IA.
Para tratarse de una cumbre histórica destinada a abordar las crecientes tensiones entre las mayores potencias económicas y geopolíticas del mundo, el viaje a Washington transcurrió sin mayores incidentes.
Pero para las ambiciones de Xi, China no necesitaba mucho más.
En la cena de Estado celebrada el jueves en la Casa Blanca, el líder de China hizo hincapié en la importancia de la cooperación, en unas declaraciones que presentaron el ascenso de la nación asiática como una ventaja para Estados Unidos en lugar de una amenaza.
“La amistad entre ambos pueblos es una causa noble que encierra grandes promesas”, afirmó. “Unamos nuestras manos y avancemos juntos”.
Una diferencia clave entre la reunión de mayo y esta fue el caos que rodeó la decisión de Trump de prohibir la entrada de algunos periodistas a la Casa Blanca, y el impacto que eso tuvo en las imágenes que se transmitían, un marcado contraste con la cobertura coreografiada y aprobada por el Gobierno en los medios estatales chinos.
Sin embargo, la retórica fue, en general, la misma.
Xi comparó el eslogan característico de Trump, “Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grande”, con su propio plan para la “Gran revitalización de la nación china”, una visión estratégica de décadas para transformar a China en una potencia mundial con capacidades militares, industriales y tecnológicas de primer nivel.
Sin embargo, su notable progreso en el logro de esos objetivos ha llevado a los funcionarios estadounidenses a tomar medidas proteccionistas, incluidas restricciones a las importaciones chinas, la inversión y el uso de tecnología estadounidense.
A pesar de lo que Beijing considera un intento de frenar su avance, China ha mantenido cifras récord de exportaciones, un sólido desarrollo de la inteligencia artificial y la robótica, y un control firme sobre los bienes y materiales que Estados Unidos necesita, como los metales de tierras raras.
Todo esto le otorga a Xi mucha más influencia que la que tenía durante su anterior etapa en Washington, lo que significa que, por ahora, prioriza el estilo sobre el contenido.
Dado a cómo los enfrentamientos entre Estados Unidos y China han trastocado la geopolítica mundial y las cadenas de suministro, la estabilización de su relación a principios de este año ya fue un triunfo para muchos observadores.
Pero esta visita de Estado fue en gran medida una repetición discreta de la visita de Trump a Beijing en mayo, que se caracterizó por grandes gestos simbólicos sin muchas acciones concretas.
Desde entonces, Trump se ha enfrentado a una creciente presión política, derivada de la prolongada guerra con Irán y la creciente inflación, de cara a las elecciones de mitad de mandato en noviembre.
Las principales cadenas de televisión no transmitieron la reunión, después de que Trump prohibiera a los reporteros de CNN, MS Now y Politico el acceso al grupo de prensa de la Casa Blanca.
Si bien un tribunal posteriormente anuló la prohibición, las acciones de Trump generaron preocupación entre funcionarios estadounidenses y chinos sobre cómo se percibiría la cumbre, según informó CNN.
A diferencia de Trump en Beijing, Xi viajó a Washington sin un grupo de ejecutivos empresariales.
Cui Hongjian, experto en relaciones internacionales de la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing, declaró a CNN que la falta de representación empresarial indicaba que la relación entre Estados Unidos y China aún no había logrado avances sustanciales en materia de negocios o comercio.
“En este momento, ambas partes se encuentran todavía en una fase en la que desean estabilizar un poco más la situación política”, opinó Cui.
En Beijing también existía preocupación por el hecho de que algunos miembros del equipo de Trump tuvieran una visión menos positiva de las relaciones entre Estados Unidos y China que el propio presidente estadounidense, según declaró a CNN Wu Xinbo, asesor del Ministerio de Asuntos Exteriores chino.
Xi afirmó el jueves que esperaba que Estados Unidos recibiera con agrado a las empresas y negocios chinos. En su discurso, Trump también detalló la larga historia de comercio y amistad entre Estados Unidos y China.
“El presidente Xi y yo entendemos que representamos sistemas diferentes, pero los lazos entre nuestros pueblos perduran. Nunca nos hemos llevado mejor”, afirmó.
Pero más allá de la bienvenida por la alfombra roja y los elogios efusivos, persistían las controversias fundamentales.
Una de las principales prioridades de Xi es reducir el apoyo estadounidense a Taiwán, que Beijing considera parte de su territorio.
Someter a la isla democrática al control del Partido Comunista es un componente clave del objetivo de Xi para la revitalización de China.
En conversaciones a puerta cerrada, el líder de China presionó a Trump para que se “opusiera” a la independencia de Taiwán, según la agencia estatal de noticias Xinhua.
Estados Unidos ha mantenido durante mucho tiempo una postura intencionadamente ambigua sobre la soberanía de Taiwán, a pesar de estar obligado a venderle armas para su autodefensa, en virtud de la Ley de Relaciones con Taiwán.
China ya había advertido que apoyar la independencia de Taiwán podría desencadenar un conflicto militar. Estados Unidos no ha emitido ninguna declaración sobre la reunión del jueves.
Xi también instó a Estados Unidos a gestionar de forma responsable el desarrollo de la inteligencia artificial junto con China. La capacidad de los modelos de IA de vanguardia para escapar al control humano ha generado peticiones de mayor supervisión, especialmente por parte de Estados Unidos y China, como principales actores mundiales en este campo.
Si bien los líderes de las mayores empresas de IA de Estados Unidos, OpenAI y Anthropic, han coincidido en que la carrera por desarrollar mejores modelos debe ralentizarse, Trump ha afirmado que los temores sobre la IA son un “engaño” que beneficia a China.
El rápido avance de la IA china, a pesar de los controles estadounidenses a las exportaciones tecnológicas, ha causado alarma entre los funcionarios estadounidenses, quienes acusaron a las empresas chinas de plagiar modelos estadounidenses y plantearon la posibilidad de sanciones.
China amenazó con tomar contramedidas si Estados Unidos intenta frenar la IA china.
Pero el jueves, el mensaje de Xi fue que la relación no tenía por qué llegar a ese extremo. “Debemos coexistir en paz”, matizó.
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