Por Federico Leiva, CNN en Español
El deporte más popular de Estados Unidos, el fútbol americano, inició una nueva temporada esta semana con el partido estelar entre los Patriots de Nueva Inglaterra y los Seahawks de Seattle, los dos finalistas del último Super Bowl. Aquella cita en la bahía de San Francisco de principios de 2026 fue la final de la NFL con mayor presencia latina de la historia —y eso sin mencionar el show de medio tiempo que protagonizó el puertorriqueño Bad Bunny—, evidenciando una tendencia que, es cierto, va a pasos muy lentos.
Primero que todo, hay un crecimiento. Y, lo que es más importante, está siendo continuo. En 2021, apenas 12 jugadores de la liga se identificaban como “latinos”, menos del 1 % de toda la NFL. Y si bien la cifra llegó a descender en 2022 a un 0,4 %, desde entonces ha estado en ascenso. Fueron 25 jugadores para 2023 y son 38 para 2026.
“La cifra ha crecido. Entiendo que 38 jugadores de ascendencia latina es un récord o está muy cerca de serlo”, dice Miguel Meléndez, periodista de Mundo NFL, el sitio oficial de la NFL en español.
Eso sí, como bien aclara él, la cifra esconde una trampa, por así decirlo: “En general, son deportistas de nacionalidad estadounidense, que son de familiares latinoamericanos, ya sean padres o abuelos”. En un hecho que, a pesar de que se da cada vez más, no es nuevo. “La gran mayoría de los considerados latinos en la NFL son en verdad jugadores de ascendencia latina, y así ha sido la historia en general con los latinos en la NFL”, cuenta Meléndez.
Esos son los casos, por ejemplo, de Elijah Arroyo (de ascendencia mexicana), Fred Warner (mexicana y panameña), Nik Bonitto (cubana), Isiah Pacheco (puertorriqueña) y Christian Gonzalez (colombiana), entre varios otros.
Los que nacieron en Latinoamérica se cuentan con los dedos de una mano. Allí están Andrés Borregales (Venezuela), de los Patriots de Nueva Inglaterra, y Cairo Santos (Brasil), de los Bears de Chicago. Curiosamente, son dos jugadores que provienen de países donde el fútbol es la ley primera, por así decirlo, y ambos son pateadores, la única posición de este deporte donde hay que jugar con el pie. También está el esquinero Darrell Baker Jr. (Panamá), de los Dolphins de Miami.
Pero incluso si juntamos a todos los jugadores latinos o de ascendencia latina, no llegaríamos a completar ni una plantilla de la NFL. De hecho, esos 38 atletas representan apenas el 2,2 % del total de los 1.696 jugadores que integran los 32 equipos (53 cada uno) que tiene la liga. La cifra es mínima, especialmente si se tiene en cuenta que cerca del 20 % de la población de Estados Unidos es latina o hispana.
No solo no hay una ola de jugadores de fútbol americano de Latinoamérica jugando en la NFL, sino que es muy poco probable que ocurra una, al menos en el corto plazo. Que lo haya depende de muchos factores, y muchos de estos son realmente difíciles de lograr.
En primer lugar, la NFL es en sí misma un deporte único. Existen ligas de fútbol americano fronteras afuera, algunas más que decentes, por ejemplo en México y Brasil. Argentina tiene también su propia liga y hasta una selección. Sin embargo, no existe una liga en el mundo que pueda rivalizar con la NFL.
La NBA, que solía contar con varios jugadores latinoamericanos de selección y que en los últimos años ha visto esa tendencia casi extinguirse, tiene una Euroliga con la cual mirarse en el espejo. La NFL no. Eso genera que no exista una suerte de mercado de fichajes donde la liga estadounidense salga a buscar jugadores de otras ligas, lo que dificulta mucho el acceso a los nacidos en Latinoamérica que sueñan con brillar en los grandes estadios de Estados Unidos.
La NFL, por el contrario, se nutre casi exclusivamente del sistema universitario nacional.
“La llegada a la NFL es complicada”, dice Meléndez. “El fútbol americano profesional no se practica tanto de manera formal fuera de Estados Unidos. Los latinos que han llegado a la NFL son casos que, a muy temprana edad, llegan al país como estudiantes, logran después ir a la universidad, juegan fútbol americano y les va tan bien que después llegan a la NFL”.
La NFL tiene desde hace un tiempo el International Player Pathway para captar y desarrollar atletas extranjeros que no tienen experiencia en fútbol americano, pero que muestran capacidad para adaptarse al deporte. Así llegaron a la liga, por ejemplo, el chileno Sammis Reyes (ya retirado) y los mexicanos Isaac Alarcón y Alfredo Gutiérrez (están en los 49ers de San Francisco, pero sin actividad oficial).
No obstante, la ecuación sigue siendo la misma: si no se parte de la universidad, es prácticamente imposible llegar a la NFL.
“Tiene que ver con la característica misma del fútbol americano, que sigue siendo un deporte muy visto, cada vez más visto a nivel internacional, pero que la práctica sigue siendo más bien reducida”.
Existe un tercer factor importante que explica este último punto y que atenta contra una mayor participación latina: el costo. Jugar al fútbol —soccer en Estados Unidos— tiene un costo bajo, apenas unos zapatos y quizás protección para los tobillos cuando mucho. El fútbol americano, por el contrario, es costoso, ya que requiere muchas protecciones por ser un deporte de constante contacto físico. Entre casco, hombreras, guantes, pantalón y otras protecciones de buena calidad se pueden gastar al menos unos US$ 600. Y esa indumentaria, por regla general, hay que importarla si no se vive en Estados Unidos.
Existe otro factor que, quizás, lleve indirectamente a una menor práctica del fútbol americano en América Latina: el flag football. “Es una práctica mucho más masiva y mucho más factible para el común de las personas, ya que técnicamente tiene muchas de las cosas del fútbol americano de tackles, con la diferencia de que no se hacen tackles, sino que se quita el pañuelo que va colgado de la cintura”, dice Meléndez.
“La práctica del deporte del fútbol americano es mucho más formal y mucho más compleja, sobre todo en la parte de preparación física, que es muy particular”.
El flag football implica menos protecciones, por ende menos costos, y también menos golpes, por lo que es un deporte mucho más practicable, especialmente entre los jóvenes, que son quienes dependen de que sus padres los lleven a un lugar dedicado a estas disciplinas para poder jugar, ya que no llegan a las escuelas con la normalidad que lo hacen el fútbol, el rugby, el hockey, el voleibol y hasta el balonmano.
Meléndez dice que “el flag football se da mucho en Sudamérica, ya desde hace 30 años, cuando empezó a practicarse informalmente el fútbol americano. Es una actividad más o menos formal en países como Argentina, Chile, Brasil, Colombia, donde incluso hay seleccionados nacionales de flag, que han competido en eventos internacionales”.
Visto desde lejos, pareciera que la NFL está en expansión. La liga jugará este año un récord de partidos en el extranjero, con paradas ya clásicas en México, Inglaterra y Brasil, pero otras más resonantes en Alemania, España, Francia y, sobre todo, Australia, con el gran juego que ya protagonizaron los 49ers de San Francisco y los Rams de Los Ángeles este jueves.
Llamó la atención este partido, por tratarse del primero en Oceanía, en un país con tanta diferencia horaria con EE.UU. —lo que sin duda trastocará los planes de 49ers y Rams de cara a la segunda semana—, pero también fue un paso lógico para un deporte que está en plena expansión en busca de nuevo público que está llegando de países quizás insospechados.
México es un caso que, por cercanía, tiene lógica, pero Brasil rompe pronósticos: “Según los registros de la propia NFL, Brasil figura dentro de los cinco países con mayor cantidad de fans de la NFL fuera de Estados Unidos. Parece increíble, pero es real”, dice Meléndez.
Eso sí, esto no necesariamente derivará en más jugadores latinos. “La expansión internacional que está teniendo actualmente la NFL tiene que ver principalmente con un tema comercial, de consolidarse con una marca fuera de Estados Unidos”, dice Meléndez.
“No sé si en este momento la NFL tendrá alguna intención de captar talentos fuera de Estados Unidos. La expansión va mucho de la parte de la marca, del producto, la parte comercial, pero la parte deportiva no ha sido muy prioritaria”.
Nadie es ingenuo. Atraer nuevas audiencias tiene la misión obvia de buscar nuevos mercados y más dinero. De alguna manera hay que pagar los millonarios contratos que reciben los más de 1.600 jugadores que tiene la liga. Ahora bien, si esto puede ser una semilla que germine en un interés genuino por parte de los aficionados en practicar el deporte, es aún una incógnita.
“Creo que sería bien interesante para el crecimiento de la NFL o del fútbol americano como disciplina si en algún momento la liga se plantea captar más talento extranjero o, por qué no, formar alguna especie de división internacional, que es parte de los rumores que siempre surgen cuando van a jugar partidos a Europa”, afirma Meléndez.
A nivel mediático, la NFL también promueve con énfasis el mes de la herencia hispana, tiene su propio sitio oficial en español y realiza continuamente contenido audiovisual enfocado en los jugadores de raíces latinas. No está claro si estas acciones, que llevan ya algunos años, han posibilitado la mayor participación de atletas latinoamericanos en el fútbol americano profesional, pero desde luego que ayudan.
La temporada 2026/2027 de la NFL tendrá varios latinos para seguir con interés. El caso más obvio sería el de Fernando Mendoza, el estadounidense de raíces cubanas que viene de ser campeón universitario y ganar el trofeo Heisman al mejor jugador, lo que le valió el número 1 del Draft.
Sin embargo, el mariscal de campo de los Raiders tendrá que esperar, ya que el equipo de Las Vegas comenzará el año con el veterano Kirk Cousins al mando de la ofensiva. La idea de la franquicia es darle tiempo a Mendoza, que aclimate su físico y que con paciencia vaya sumando minutos como profesional. No es una mala idea, porque, de lejos, no parece que este equipo de Raiders tenga demasiado potencial por el momento.
Andy Borregales y Cairo Santos tienen todo para llegar lejos, ya que sus equipos, los Patriots y los Bears, mantienen plantillas muy competitivas que tienen aspiraciones de Super Bowl. Por supuesto, al ser pateadores, dependerán en gran medida de lo que haga el resto del equipo, tanto en ataque como en defensa.
KC Concepción es uno de los nombres más atractivos. El nacido en Charlotte, de ascendencia puertorriqueña, podría ver mucha acción en 2026 con los Browns, un equipo que no tiene demasiadas aspiraciones en una división que comparte con los Ravens, los Steelers y los Bengals. A diferencia de Mendoza, KCC podría tener minutos muy rápido como receptor abierto, ya que los de Cleveland no tienen demasiado talento en ese departamento. Por lo pronto, su entrenador ya le dio la responsabilidad de devolver todos los despejes en la semana 1.
Cam Skattebo, de abuela mexicana, podría estar ante un gran año. El corredor fue novato en 2025 y sus números no estuvieron para nada mal, con 410 yardas por tierra, 207 por aire y siete touchdowns en ocho partidos. Por eso mismo será titular en su segundo año, y si logra mantenerse sano, leeremos mucho su nombre durante la temporada.
Será un 2026 bisagra para Jaylinn Hawkins, el safety que llegó a Ravens para reforzar una línea secundaria que tuvo varios dolores de cabeza en la pasada campaña. Hawkins ya lleva cinco años en la NFL, pero el 2025 fue el año en el que brilló. Lo hizo en los Patriots, con 84 tackles, seis pases desviados y un fumble (pérdida de control del balón rival) forzado. Si iguala o supera esos números, estaremos hablando definitivamente de un gran defensor de fútbol americano.
Podría convenir tener a mano el nombre de Jacob Rodríguez. El liniero defensivo, de ascendencia mexicana, fue elegido por los Dolphins de Miami en el último draft, cargando en su espalda con ser uno de los mejores tres prospectos defensivos de su clase. Su última campaña defensiva fue consagratoria: 123 tackles, cuatro intercepciones y siete fumbles forzados al rival.
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¿Por qué no hay más latinos en la NFL? Causas, números y análisis de los jugadores a seguir en la temporada 2026 News Channel 3-12.
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