El zumbido se escucha antes de abrir la caja. Frente a mí, una colonia de más de 12,000 abejas se mueve constantemente. Estoy completamente cubierta con el traje de protección, siguiendo cada instrucción con atención. No puedo hablar mucho. Solo observar, escuchar y aprender.
Entrar al espacio de las abejas
Antes de comenzar hay reglas claras. “Nunca se trabaja frente a la entrada de la colmena”, explica Karine Pouliquen, voluntaria líder y educadora del California Master Beekeeper Program de UC Davis en el South Coast Research and Extension Center de UC ANR, con más de dos décadas de experiencia trabajando con abejas. Ese espacio es la ruta de vuelo, el camino constante de las abejas hacia el exterior. Interrumpirlo no solo altera su comportamiento; también puede poner en riesgo a quienes están cerca. Aquí, cada paso importa.
Una reina que aún no es parte de la colonia
La abeja reina llega dentro de una pequeña jaula. No está relacionada con las más de 12,000 abejas que conforman la colonia, lo que hace que su introducción sea un proceso delicado. Este tipo de colonias se transporta en “paquetes” y, aunque la reina ha pasado varios días con ellas durante el traslado —alrededor de cuatro días—, su aceptación no está garantizada. De ella depende el futuro de toda la colmena.
Por el momento, lo más impotante es mantenerla con vida. Antes de cualquier movimiento, hay una instrucción esencial: la reina debe mantenerse en un ambiente cálido. La colocan cuidadosamente en un bolsillo, el único lugar donde no corre el riesgo de ser aplastada. Antes de hacerlo, verifican que esté viva. Es un gesto simple, pero crítico.
Abrir la caja
El siguiente paso es liberar a las abejas dentro de la colmena. Se retira el contenedor de alimento —un jarabe que las mantiene ocupadas durante el traslado— y luego se abre la caja. “Van a volar, no se asusten”. Y lo hacen. Miles de abejas llenan el aire. Rodean el espacio. El zumbido es constante, envolvente. Por un momento, todo parece moverse al mismo tiempo.
Me siento desorientada, pero no asustada.
En ese instante, Lindsey Pedroncelli, directora interina del Centro de Investigación y Extensión de la Costa Sur de UC ANR, me pregunta si ya había hecho esto antes. Le digo que no. Ella comenta que lo ha hecho en otras ocasiones y que, curiosamente, el zumbido le resulta relajante.
El instinto es reaccionar. Pero la indicación es clara: mantener la calma. Respirar. Dar un paso atrás si es necesario.
Un sistema organizado y delicado
La reina no se libera directamente en la colmena. Dentro de su jaula hay una barrera de azúcar —conocida como “candy”— que permite que las abejas obreras la liberen poco a poco desde el exterior. El proceso puede tomar horas, el tiempo suficiente para que la colonia reconozca su olor y la acepte. Pero incluso aquí, los detalles son decisivos. La jaula debe colocarse en posición vertical. Si queda bloqueada —por ejemplo, por abejas muertas dentro de la jaula— la reina no podrá salir. No es ella quien se libera. Son las otras abejas quienes, poco a poco, la dejan salir.
Manejo, ciencia y comunidad
En este apiario de enseñanza del Centro de Investigación y Extensión de la Costa Sur de UC ANR, las colmenas no solo producen miel: también son una herramienta educativa. Aquí se aprende en el campo.
La colocación de la caja es un momento decisivo. Forto: Diana Cervantes.Durante la actividad, Lindsey participa en la colocación de las cajas, un paso clave antes de introducir a la nueva reina. Entre el grupo, una de las voluntarias vive la experiencia por primera vez. Sus nervios y concentración recuerdan que este espacio también es una puerta de entrada para quienes se acercan por primera vez a la apicultura.
La sesión es guiada por Pouliquen, quien también explica que, en un apiario de enseñanza, algunas colonias pueden volverse defensivas, lo que requiere intervención para mantener la seguridad del grupo. “Somos todos voluntarios”, recuerdan. El trabajo no es solo técnico. También es colectivo.
Más que una experiencia
La introducción de una nueva reina no es algo cotidiano. Suele realizarse una vez al año y requiere preparación, conocimiento y coordinación. Al terminar, el zumbido sigue presente. Pero ya no es solo ruido. Es un sistema complejo, organizado, donde cada abeja cumple una función.
¿Qué sigue para la colmena?
Una vez establecida la reina, el trabajo continúa. Las abejas salen a buscar néctar y polen. Ese néctar se transforma dentro de la colmena hasta convertirse en miel, resultado de un proceso colectivo que depende de miles de abejas trabajando en conjunto.
Acercando la ciencia a la comunidad
Experiencias como estas forman parte del trabajo de UC ANR para acercar la ciencia a la comunidad a través de la educación práctica. Pero más allá de la técnica, hay algo que queda claro. El zumbido no se detiene. Dentro de la colmena, una nueva reina comienza a definir el rumbo de miles de abejas. Afuera, el movimiento sigue, constante y preciso. Y por un momento, observar ese equilibrio —tan frágil y tan organizado— cambia la forma en que uno entiende el significado de cuidar y pertenecer
Diana Cervantes es especialista en comunicación bilingüe en la Extensión de Agricultura y Recursos Naturales de la Universidad de California (UC ANR) y crea contenido periodístico que conecta la ciencia con las comunidades de California.
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