Miguel Díaz-Canel, el presidente que prometió “la continuidad de la revolución” en Cuba y hoy ve amenazado ese objetivo ...Middle East

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Por Mauricio Torres, CNN en Español

Cuando asumió la presidencia de Cuba hace casi ocho años, Miguel Díaz-Canel dijo tener claro cuál debía ser su principal objetivo: mantener viva la revolución que comenzó en 1959, dio forma al sistema de gobierno que desde entonces rige en la isla y se convirtió en un símbolo para la izquierda en América Latina.

Frente a la Asamblea Nacional y líderes históricos como el expresidente Raúl Castro, quien recientemente había terminado su período en el cargo, Díaz-Canel dio un encendido discurso que marcó los primeros pasos de su gestión. Recordó al fallecido expresidente Fidel Castro, admitió que Cuba enfrentaba problemas, advirtió que había diversas “amenazas” contra el país, reconoció la necesidad de “actualizar” el modelo económico y social y, sobre todo, aseguró que Cuba no se alejaría de los principios del socialismo.

“El mandato dado por el pueblo a esta Legislatura es el de dar continuidad a la revolución cubana en un momento histórico crucial”, dijo en esa ceremonia realizada el 19 de abril de 2018.

“Nadie logrará el propósito de debilitar a la revolución ni doblegar al pueblo cubano, porque Cuba no hace concesiones contra su soberanía e independencia. No negociará principios ni aceptará condicionamientos. Jamás cederemos ante presión o amenaza. Los cambios que sean necesarios los seguirá decidiendo soberanamente el pueblo cubano”, insistió.

Hoy, sin embargo, ese propósito de Díaz-Canel de mantener viva la revolución se ve amenazado por una de las peores crisis que ha enfrentado Cuba en su historia reciente.

Los apagones, ya comunes durante los últimos años, se han agravado debido a la escasez de petróleo, a su vez derivada de las crecientes presiones que Estados Unidos ejerce sobre la isla desde la captura en enero del derrocado presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, viejo aliado y proveedor de combustible para el gobierno cubano. Además, la falta de energéticos impacta en la prestación de servicios públicos como la atención médica o la recolección de basura, frena las actividades económicas e impide el traslado de alimentos a zonas alejadas.

En resumen, una situación que muchos cubanos dicen que no saben cuánto más podrán soportar y que ha comenzado a levantar algunas protestas en La Habana y algunas otras ciudades, mientras Díaz-Canel, un jefe de Estado de 65 años sobre cuyo verdadero poder en el país existen dudas, les pide justamente eso: resistir.

A diferencia de Fidel y Raúl Castro, Díaz-Canel no es uno de los líderes históricos de la revolución cubana, sino una figura que nació después y que creció en medio de ese proceso, dicen analistas consultados por CNN.

“Él no es el típico barbudo guerrillero que luchó en la sierra, luego llegó a La Habana y participó de toda esta gesta revolucionaria de 1959. Él es una persona que viene de otro lugar”, dijo Carla Colomé, periodista cubana que reside en Estados Unidos y colabora con medios como El Estornudo y El País.

Díaz-Canel nació el 20 de abril de 1960 en la ciudad de Santa Clara, capital de la provincia de Villa Clara, en el centro de Cuba.

Estudió Ingeniería Electrónica, después un máster en Dirección y, de acuerdo con su semblanza publicada en el portal de la Presidencia, desde joven participó en diversas organizaciones políticas: la Organización de Pioneros José Martí, la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media, la Federación Estudiantil Universitaria y la Unión de Jóvenes Comunistas. En esta última, fue secretario del Comité Provincial en Villa Clara y secretario del Comité Nacional hasta 1993.

Durante esa época, de acuerdo con Colomé, tuvo algunos rasgos que llamaron la atención entre algunos cubanos. En contraste con los líderes históricos, no llevaba uniforme militar, sino que vestía con pantalones de mezclilla, usaba el pelo largo y escuchaba a The Beatles, cuando por años la música en inglés estuvo censurada en la isla. Todo esto, dijo Colomé, le dio un aspecto “un poco transgresor”.

Cuando se incorporó al Partido Comunista de Cuba (PCC), el único existente en el país, fue secretario en la provincia de Villa Clara, de donde pasó al Comité Central, dice su semblanza. En 2003, fue nombrado primer secretario del partido en la provincia de Holguín, al este de la isla, y más tarde ocupó también tareas gubernamentales: en 2009 asumió como ministro de Educación Superior, en 2012 como vicepresidente del Consejo de Ministros y en 2013 como primer vicepresidente de los consejos de Estado y de Ministros.

Alfonso Rivera Illingworth, profesor de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey, consideró que esta trayectoria es prueba de que Díaz-Canel es parte de una generación que creció convencida de que el régimen cubano era su mejor opción. “Pensémoslo como un devoto del partido”, dijo.

El gran salto de Díaz-Canel al centro del escenario en la política cubana se produjo en los primeros meses de 2018. El entonces presidente Raúl Castro, quien una década antes había reemplazado a su hermano Fidel —fallecido en 2016—, había anunciado que se iría tras concluir su mandato en el cargo. A su vez, esto dio paso a un proceso en el que la Asamblea Nacional eligió a Díaz-Canel como nuevo jefe de Estado.

La llegada de Díaz-Canel a la presidencia generó cierta curiosidad en la población, de acuerdo con Colomé. En un principio, expuso, muchos cubanos creyeron que, al tratarse de un político joven y ajeno a la familia Castro, podría abrir la puerta a algunos cambios. Sin embargo, esas expectativas pronto quedaron atrás.

Para Colomé y otros analistas, Díaz-Canel fue elegido para el cargo porque el grupo político encabezado por Raúl Castro consideró que sería la persona adecuada para mantener el rumbo de la revolución y, desde 2018, él ha dado muestras de ello. Había otros aspirantes que, si bien eran de mayor perfil, no despertaron la suficiente confianza para asumir la tarea.

“Díaz-Canel siempre ha tenido un discurso que ha resaltado que él es parte de la continuidad, o sea, no hay un rompimiento con los líderes anteriores de la revolución”, dijo Colomé.

Más aún, agregó, muchas cubanos piensan que el expresidente Raúl Castro sigue teniendo un peso decisivo en la política de la isla, a pesar de que dejó la presidencia en 2018 y a la jefatura del PCC en 2021. Otros especialistas consultados comparten esta visión.

“Aunque Díaz-Canel haya tomado el gobierno y el mando, todo el mundo sabe que, efectivamente, las opiniones de Raúl Castro siguen siendo muy importantes, igual que las opiniones de Fidel Castro seguían siendo muy importantes cuando él ya se había retirado de manera oficial”, dijo Carlos Aguirre, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

CNN contactó a la Presidencia de Cuba para pedir comentarios sobre lo dicho por los analistas y está en espera de respuesta.

Dentro de este marco, Díaz-Canel asumió el cargo cuando Cuba enfrentaba ya décadas de problemas económicos y sociales, que La Habana atribuye al embargo económico que Estados Unidos mantiene desde la década de 1960. Además, sobre Cuba pesan constantes cuestionamientos por falta de respeto a los derechos humanos en la isla, críticas que las autoridades rechazan.

Todas estas dificultades se han visto agravadas durante coyunturas particulares. La pandemia de covid-19, las protestas de 2021 reprimidas por el gobierno y el golpe del huracán Melissa en 2025 son solo algunas de ellas, aunque podrían quedarse cortas en comparación con el panorama actual.

Las crisis en Cuba son más una regla que una excepción; eso es algo que los cubanos viven y respiran, dicen ciudadanos y analistas dentro y fuera de la isla. Pero incluso con esos antecedentes, muchos de ellos coinciden en que la situación a la que hoy se enfrenta el gobierno de Díaz-Canel parece tener dimensiones sin precedentes.

“La crisis en Cuba no es algo nuevo. Las crisis se han administrado, pero esta es una crisis diferente. Justamente esta crisis viene y recae sobre alguien que no es una figura histórica, que no es ese líder carismático que teníamos con los Castro, sino alguien nacido de la revolución, producto de la revolución, que viene a administrar lo poco que queda de ese régimen histórico”, dijo Rivera Illingworth.

Desde el operativo del 3 de enero para capturar a Maduro en Venezuela, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dice que el gobierno de Cuba será el siguiente en caer. Reiteró esa posición el 7 de marzo en la Cumbre Escudo de las Américas que encabezó en Florida, donde se reunió con una docena de líderes de la región y aseguró que la isla “está en sus últimos momentos de vida”.

Frente a estas declaraciones, Díaz-Canel ha respondido responsabilizando al embargo y otras medidas de Estados Unidos por la situación de Cuba, una visión que comparten analistas como Aguirre, para quien las políticas de Washington violan el derecho internacional y tienen serias consecuencias humanitarias.

“Una cosa es bloquear económicamente el comercio de Cuba y crearle dificultades, y otra, que con este bloqueo energético ya están empezando a paralizarse las actividades de los hospitales, por ejemplo. Ya los alimentos, aunque existen dentro de Cuba, ya están empezando de alguna manera a no poder circular dentro de la isla”, dijo el académico.

Díaz-Canel rechaza que el gobierno cubano vaya a caer, como dice Trump, y afirma que su país está dispuesto a dialogar con Estados Unidos, siempre que sea “sin presiones”.

Colomé, por su parte, subraya que Cuba ha vivido “acumulando crisis” cuando menos desde la década de 1990 —con el “período especial” que siguió a la caída de la Unión Soviética— y señala que, hoy, no se sabe cuánto poder en realidad tiene el presidente para enfrentar este escenario.

“Yo no sé cuál es el margen de acción que tiene Díaz-Canel, todo esto de cómo funciona el gobierno cubano es un misterio incluso para los cubanos”, dijo.

Así, en este contexto de tensiones al exterior y crisis al interior, con preguntas sobre cuál será el futuro para los 10 millones de personas que viven en Cuba y los demás que decidieron emigrar, Díaz-Canel se encamina a cumplir en abril ocho años al frente del gobierno de la isla. No lo hace en un ambiente festivo, sino bajo el riesgo de no poder cumplir su promesa de mantener viva la revolución que en 1959 cambió el rostro de su país y de América Latina.

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