Por Paula Hancocks, CNN
Irán advirtió que cualquier ataque contra el país desencadenaría un conflicto regional.
Estados Unidos e Israel no le creyeron o consideraron que era un riesgo que valía la pena correr. Once días después del inicio de la guerra, son las naciones del golfo Pérsico las que están pagando el precio, y ninguna más que los Emiratos Árabes Unidos.
Según el Ministerio de Defensa iraní, más de 1.700 misiles y drones han sido disparados hacia los Emiratos Árabes Unidos desde el inicio de la guerra, y más del 90 % de ellos han sido derribados por interceptores, aviones de combate y helicópteros.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, admitió la semana pasada en una entrevista con Jake Tapper de la CNN que la disposición de Irán a atacar a sus vecinos árabes había sido su mayor sorpresa de la guerra.
El domingo, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán afirmó que estaba utilizando el 60 % de su potencia de fuego contra lo que denominó “bases” e “intereses estratégicos” estadounidenses en los países árabes vecinos, y el resto contra Israel.
Se han disparado más proyectiles contra los Emiratos Árabes Unidos que contra cualquier otro país, aparentemente incluso más que contra Israel, que junto con Estados Unidos inició esta guerra. Varios han impactado en viviendas, oficinas y carreteras de zonas urbanas densamente pobladas, matando a cuatro personas, todas civiles.
“Dubái es realmente el epicentro de la globalización”, afirma Fawaz Gerges, profesor de Relaciones Internacionales en la London School of Economics. “Los líderes iraníes consideran a Dubái como la base del sistema económico global occidental… (Su estrategia) sacude la economía mundial, no solo a Dubái y los Emiratos Árabes Unidos”.
La percepción es clave. Las imágenes de un incendio frente a un hotel internacional en Dubái o de un ataque en el recinto del Aeropuerto Internacional de Dubái captan la atención internacional mientras decenas de miles de expatriados y turistas intentan abandonar el país. Nadie resultó herido en ninguno de estos ataques, pero el impacto psicológico puede ser significativo.
Gerges señala la ironía de que los Emiratos Árabes Unidos hayan servido como un salvavidas económico para Irán durante años, mientras Teherán se enfrentaba a uno de los regímenes de sanciones más severos de la historia. Un funcionario de los Emiratos Árabes Unidos declaró a CNN que las relaciones se normalizarían eventualmente, pero que podría tomar décadas restablecer la confianza.
EAU es uno de los principales socios comerciales de Irán: ocupa el segundo lugar después de China. Los negocios entre ambos países se habían expandido incluso mientras Estados Unidos endurecía las sanciones contra el régimen. El comercio bilateral se situó en US$ 28.000 millones en 2024, según la Organización Mundial del Comercio.
Alrededor de medio millón de iraníes consideran a los Emiratos Árabes Unidos su hogar.
Irán cita la alianza estratégica de décadas de Abu Dhabi con Washington como justificación de los ataques. Designados como un “socio importante en materia de defensa” por Estados Unidos el año pasado, los Emiratos Árabes Unidos han dejado claro en quién confían para su seguridad.
Han invertido decenas de miles de millones de dólares en aviones de combate, helicópteros y sistemas de defensa aérea estadounidenses, que ahora participan activamente en la protección de los emiratíes y expatriados del ataque sin precedentes de Irán.
Sanam Vakil, de Chatham House, afirma que los Emiratos Árabes Unidos cumplen con varios requisitos de la República Islámica en su deseo de infligir dolor a Estados Unidos y sus aliados.
“Al atacar a los Emiratos Árabes Unidos, Irán no solo ataca a un socio clave de EE.UU., sino que también demuestra que un país que alberga a millones de expatriados y sirve como un importante centro de las finanzas, la aviación y el comercio mundiales no puede quedar aislado”, dijo.
La magnitud de las represalias podría indicar hasta qué punto el régimen considera esta guerra una amenaza existencial. Cuando Israel bombardeó las instalaciones nucleares de Irán, a lo que se sumó en los últimos días Estados Unidos, la respuesta iraní fue limitada: un ataque contra la base aérea de Al Udeid en Qatar, sobre el que se cree que advirtieron con antelación.
El presidente Trump firmó un decreto para otorgar a Qatar, que también ha sido blanco de Irán durante la guerra actual, una garantía de seguridad similar a la de la OTAN después de ese ataque.
Y luego está el argumento geográfico. Solo unos 100 kilómetros de agua separan a Irán de los Emiratos Árabes Unidos: los misiles y drones no tardan en llegar a las costas emiratíes.
“Literalmente está al lado. Es mucho más fácil atacar Dubái y los Emiratos Árabes Unidos que atacar a otros países, como Jordania o Israel, porque Israel está bien protegido por un sistema de defensa aérea”, afirma Gerges.
Los Emiratos Árabes Unidos habían prohibido el uso de sus bases militares o espacio aéreo en caso de un ataque contra Irán.
Esa postura no contribuyó en absoluto a proteger a los Emiratos Árabes Unidos.
El presidente de los Emiratos Árabes Unidos, Mohamed bin Zayed al Nahyan, visitó a algunos de los heridos durante el fin de semana y lanzó una inusual advertencia a los enemigos del país: “Les digo: no se dejen engañar por la apariencia de los Emiratos Árabes Unidos. Los Emiratos Árabes Unidos tienen la piel dura y la carne amarga; no somos una presa fácil”.
La conmoción por ser el objetivo principal de las represalias de Irán se transformó rápidamente en ira.
Mina Al-Oraibi es editora del periódico emiratí The National. “La mañana que comenzó la guerra, la gente con la que hablamos mostró un gran malestar porque Israel y Estados Unidos habían optado por la opción militar… pero poco después, cuando Irán comenzó a atacar a los Emiratos Árabes Unidos y a otros países, la rabia y la sensación de injusticia se volcaron contra Irán”.
La esperanza y el alivio tras las disculpas del presidente iraní, Masoud Pezeshkian, el fin de semana y la declaración de que Irán ya no atacaría a sus vecinos duraron poco, ya que nuevas salvas amenazaron a los Emiratos Árabes Unidos y a otras naciones del Golfo.
En los conflictos siempre existe la realidad alternativa de los que siguen como si nada, y no faltan los bañistas en las playas de Dubái que se niegan a permitir que una guerra en la que no quieren participar cambie sus vidas.
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