Por Anabella González, Ana María Cañizares, Merlin Delcid, Emiliano Giménez, Djenane Villanueva, Elvin Sandoval y Cristopher Ulloa, CNN en Español
Los líderes de al menos 11 países cercanos al Gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tendrán una cumbre con él este sábado en Miami, la primera convocatoria de la Casa Blanca a un número grande de dirigentes de la región en lo que va de su segundo mandato.
De la reunión participarán los presidentes de Argentina, Javier Milei; Bolivia, Rodrigo Paz; El Salvador, Nayib Bukele; Ecuador, Daniel Noboa; Honduras, Nasry Asfura, Paraguay, Santiago Peña; Costa Rica, Rodrigo Chaves; Panamá, José Raúl Mulino; República Dominicana, Luis Abinader; también el presidente electo de Chile, José Antonio Kast; y la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar.
Todos ellos están alineados con la derecha o la centro derecha regional.
La Casa Blanca describió la convocatoria, llamada “Shield of the Americas Summit” (Cumbre del Escudo de las Américas), como una “coalición histórica” y dijo que el objetivo de la cumbre es “promover la libertad, la seguridad y la prosperidad”. La secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, dijo que Trump hablará con los líderes “para abordar las bandas y cárteles narcoterroristas criminales y contrarrestar la migración ilegal y masiva, no solo a Estados Unidos sino al hemisferio occidental”.
La influencia de China en América Latina, que desde hace décadas estrecha sus lazos comerciales y financia proyectos en la región, está también bajo la mirada atenta de Trump. Contrarrestarla mediante alianzas o presiones ha sido parte de su política hacia la región en el último año y podría ser su próximo objetivo.
En mayor o menor medida y por motivos que oscilan entre lo comercial, la cooperación en materia de seguridad y un horizonte ideológico afín, casi todos estos países que acuden a la reunión en Miami se han alineado con el Gobierno de Trump.
Algunos de ellos incluso obtuvieron algo a cambio de esa afinidad: apoyo incondicional y reiterado para ganar una elección, como en el caso del presidente Nasry Asfura en Honduras; ayuda financiera de Washington para una economía en crisis, en el caso del presidente Javier Milei en Argentina; y numerosos elogios a sus políticas contra el crimen organizado, como hizo con Nayib Bukele, presidente de El Salvador.
De todas, la cercanía con Washington implica algunos desafíos y riesgos. La sociedad con una Casa Blanca dispuesta a hacer todo lo posible para contener la presencia de China en la región, presenta a las naciones invitadas con el desafío de balancear su sociedad con Estados Unidos con una fuerte relación económica y estratégica con Beijing.
CNN consultó a analistas de distintos países y elaboró un panorama sobre la situación en que llega cada uno de estos gobiernos al encuentro y sobre cuánto equilibrio deberán hacer para resguardar las relaciones con EE.UU. y China a la vez, sin irritar a uno u otra.
El encuentro será este sábado en el Trump National Doral Golf Club, el lujoso resort de golf de Trump ubicado en la pequeña ciudad de Doral, en Florida
El presidente Javier Milei, que ve en el Gobierno de Trump a un referente clave para sus ideas económicas y políticas, es sin duda uno de los aliados más fieles de Estados Unidos en América Latina.
Hay un alineamiento político con Estados Unidos —y en particular con Trump— exacerbado por las necesidades financieras de Argentina, dice a CNN Martín Shapiro, analista internacional. En octubre pasado, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció un rescate financiero para la economía argentina para apuntalar al Gobierno antes de las elecciones de medio término.
Milei llega al encuentro con Trump, con quien ya tuvo varias reuniones en los últimos años, en parte fortalecido por una serie de leyes y reformas aprobadas por el Congreso Nacional y por el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea tras más de 25 años de negociaciones.
En la tensión entre China y Estados Unidos, el Gobierno de Milei se posiciona de una manera que los especialistas consultados definen como “anómala”. “Se somete en política exterior a las indicaciones que recibe de Washington, pero la estructura económica de Argentina sigue siendo complementaria de la de China”, dice el analista Gabriel Puricelli.
Ese vínculo comercial con Beijing es cada vez más fuerte, tanto que durante el mandato del presidente libertario, China superó a Brasil y se posicionó como el principal socio comercial de la Argentina. Para Shapiro, es factible que Argentina logre mantener un equilibrio en su vínculo con ambos países en la medida en que Estados Unidos no cuestione relaciones que son de mercado que involucren al Estado y profundice la relación política.
El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, llega a Miami este fin de semana poco después de cumplir los primeros 100 días de mandato. Ese periodo estuvo marcado por medidas de estabilización tempranas, como la quita de la subvención de los combustibles que rigió en el país durante los últimos 20 años y el incremento del salario mínimo.
Paz también mostró “un tímido reajuste” de la política exterior, explica a CNN Cecilia Godoy, analista para Latinoamérica y el Caribe del Economist Intelligence Unit (EIU). Ahora busca encontrar un equilibrio pragmático mediante la reconstrucción de lazos con sus socios occidentales, sin descuidar las relaciones estratégicas de Bolivia con China.
En una clara ruptura con el accionar de los gobiernos anteriores del Movimiento al Socialismo (MAS), del expresidente Evo Morales, Paz ha tomado medidas para recomponer las relaciones con Estados Unidos al restablecer vínculos a nivel de embajadores y también con el regreso de la Administración para el Control de Drogas (DEA) al país, expulsada en 2008, destaca Godoy. “Esto abre la puerta a una cooperación más profunda en materia de seguridad y crimen organizado”, dice.
La lucha contra el narcotráfico es uno de los argumentos de la Casa Blanca para la convocatoria a países de Latinoamérica y Bolivia es uno de los principales productores de hoja de coca, consagrada en la Constitución por sus usos tradicionales, medicinales y culturales, pero con una parte que se desvía para la fabricación de cocaína.
Por otro lado, la realidad económica de Bolivia vuelve poco probable que Paz se distancie de China. “China sigue siendo un acreedor importante y un actor central en los proyectos energéticos, de infraestructura e industriales de Bolivia, especialmente en torno al litio”, agrega la analista del EIU, que ve a Paz buscando diversificar a sus socios para evitar una “dependencia excesiva” de un solo actor.
La situación política es particular para Chile. La cumbre latinoamericana con Trump tiene lugar apenas pocos días antes del fin del Gobierno del presidente Gabriel Boric y el inicio de mandato de José Antonio Kast, que será este 11 de marzo. El presidente electo, alineado con las ideas de Trump, fue invitado a la reunión pese a que aún no asumió sus funciones como jefe de Estado.
Aún más particular es la situación del vínculo interno entre Kast y Boric que, a raíz de las tensiones con Estados Unidos y China, cancelaron días atrás las reuniones de sus equipos para el traspaso de mando, enfrentados por el proyecto de un cable submarino de fibra óptica que unirá a Chile con China.
A días de terminar su periodo presidencial, Boric aseguró que hubo amenazas “explícitas” por parte de Estados Unidos debido al proyecto Chile-China Express, que busca mejorar la conectividad e intercambio de datos. La obra está ahora detenida, luego de que EE.UU. cancelara en febrero la visa a tres funcionarios involucrados en este proyecto y amenazara con cancelar la Visa Waiver.
Este accionar de Estados Unidos sobre Chile “es la señal más potente que se hace fundamentalmente al nuevo gobierno”, dice a CNN Gilberto Aranda, profesor y magíster en Estudios Internacionales por la Universidad de Chile. El mayor desafío para Kast, dice, será ver cómo equilibrar las presiones del mayor inversionista extranjero, Estados Unidos, con el socio comercial que más compra a Chile, que es China.
Un camino posible para Chile sería apostar por el multialineamiento y tratar de no involucrarse directamente en esta pelea, agrega el académico. “La situación para el nuevo gobierno es la exigencia de un realineamiento, pero tiene que pensar bien qué hacer con el comercio particularmente de China que es tan importante para Chile. Las dotes de equilibrio van a tener que ser supremas”.
El presidente de Costa Rica, Rodrigo Chaves, celebró que su país esté entre los considerados “aliados” de Estados Unidos que recibieron la invitación a la cumbre en Doral.
Ya en el tramo final de su mandato, Chaves irá a la reunión con su canciller y la presidente electa, Laura Fernández.
Fernández, que ganó las elecciones en primera vuelta en enero pasado con una propuesta que se sustenta en mantener las medidas de su antecesor, dijo que Estados Unidos “es un socio estratégico” contra el crimen organizado y el narcotráfico.
La inseguridad y el crimen organizado se ubican entre las principales preocupaciones de los costarricenses, de acuerdo con varias encuestas.
“La sola presencia de Costa Rica en esta reunión es una forma de consolidar sus nexos con Estados Unidos”, plantea Sergio Araya, politólogo y coordinador de proyectos de investigación de la Fundación Konrad Adenauer Costa Rica.
En el vínculo de Costa Rica con China no hay ruptura ni enemistad, pero sí un “enfriamiento del nexo”, que ya no tiene el mismo énfasis que prevaleció de 2007 y 2022, explica el especialista.
Y si bien en la geopolítica actual no se pide un alineamiento claro en torno a uno de los dos polos de poder, “cada vez se va cercando más el espacio”, dice Araya.
El presidente Daniel Noboa acudirá al encuentro con Trump en medio de una alta polarización política que lo ha perseguido especialmente en su más reciente periodo de gestión.
Noboa tiene varios frentes abiertos hacia adentro, un estancamiento en sus índices de aprobación y un momento de alta tensión con medios y periodistas. A eso se suma la creciente preocupación colectiva por la violenta operación del crimen organizado y la guerra comercial con Colombia, desatada por las exigencias de Ecuador de una mayor cooperación en la lucha contra grupos criminales en la frontera.
“Se ve un alineamiento de Ecuador con la política exterior de Estados Unidos”, dijo a CNN el analista en seguridad y director del Observatorio de Crimen Organizado de Ecuador, Renato Rivera. Días atrás, el Comando Sur de Estados Unidos promocionó el inicio de operaciones conjuntas con fuerzas militares de Ecuador en contra de grupos criminales catalogados como terroristas por el Departamento de Estado.
Uno de los objetivos tácitos de Trump, convocar a los países de la región para que tomen distancia de China, será un tema complejo para Noboa, dice el analista político y económico, José Alvear. La relación con Beijing es fundamental para Ecuador.
“Noboa llega con voluntad política de alineamiento con Occidente, pero con debilidades estructurales internas. Imposible que se pueda distanciar de China, lo ideal es diversificar sin romper. China es clave para Ecuador”, sugiere el analista.
El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, se ha mostrado muy cercano a Donald Trump y sus políticas contra la inmigración irregular. El mandatario estadounidense incluso lo ha elogiado públicamente y destacado sus acciones en contra de las pandillas y el Centro de Confinamiento del Terrorismo, la megaprisión conocida como el Cecot.
El mandatario salvadoreño también mantiene una relación cercana con China desde que Bukele hizo una visita oficial en 2019, en la que el presidente Xi Jinping anunció apoyo financiero para varios proyectos de infraestructura. Ya en ese momento Estados Unidos advirtió que El Salvador debía evaluar los pros y los contras de la ayuda de Beijing.
Entre los proyectos construidos con el apoyo de China están la Biblioteca Nacional en el centro histórico, el Muelle Turístico del Puerto de La Libertad, y una construcción en curso del Estadio Nacional El Salvador, entre otros.
Mantener una relación con China y Estados Unidos al mismo tiempo no será posible, a juicio de algunos. “La posición de Estados Unidos es ‘estás conmigo o te pongo impuestos o te deporto tu gente o se acaba el apoyo’”, dice a CNN Juan Ramón Maldonado, analista político y académico.
Maldonado advierte que, ante la posición de Trump ante la expansión de China en la región, los proyectos acordados van a continuar, pero ve difícil que se ejecuten nuevas inversiones de infraestructura.
Hace menos de dos meses que Nasry Asfura, el presidente de Honduras, asumió su mandato con una serie de desafíos clave que pesan sobre su gestión: más del 60 % de pobreza, instituciones débiles y un reclamo generalizado contra la corrupción.
En su camino a la presidencia de Honduras, Asfura tuvo un apoyo rotundo por parte del presidente Trump. El exalcalde y dirigente del conservador Partido Nacional ha dejado claro su objetivo de tener una relación cercana con Estados Unidos, al punto tal que su primera reunión tras el triunfo electoral fue con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio.
EE.UU. es el socio comercial más importante y cercano de Honduras, a quien lo une —entre otras cosas— los más de 2 millones de hondureños que viven en ese país, lo que beneficia a Honduras con el envío de remesas.
“Asfura debe aprovechar el apoyo que le dio el presidente de Estados Unidos y buscar los acercamientos para traer inversión al país y promover un diálogo que permita el beneficio para los hondureños que se encuentran en busca de un estatus permanente en aquel país”, dice a CNN el analista político Graco Pérez.
Por otro lado, el vínculo con China plantea varias incógnitas. Es el segundo socio comercial más importante del país, seguido de Estados Unidos, con el que heredó una relación diplomática que cambió años atrás con el gobierno de Xiomara Castro, que en 2023 impulsó la ruptura de relaciones con Taiwán y el reconocimiento de “una sola China”.
Para el analista hondureño, del vínculo con China quien más se ha beneficiado es Beijing. “Honduras no ha podido concretar las expectativas de exportación de sus productos al mercado asiático”, dice. Agrega que el Gobierno debería evaluar si es necesario retomar la relación con Taiwán como un aliado.
El presidente de Panamá, José Raúl Mulino, llega a la cumbre en un momento tenso tanto con China como con Estados Unidos.
La Corte Suprema de Justicia de Panamá dejó firme a fines de enero el fallo que anuló el contrato con Panamá Ports Company, que durante 28 años operó dos puertos en ambos extremos del Canal de Panamá con gran parte de capital chino. Beijing dice que el Gobierno del país caribeño “pagará un alto precio político y económico” si no cambia de postura.
Los intereses de China en la vía fluvial estratégica, por donde transita anualmente alrededor del 40 por ciento de todo el tráfico de contenedores de Estados Unidos, es uno de los puntos clave en la intención de Trump de expulsar a las potencias rivales de la región.
Desde hace tiempo, el presidente Trump y funcionarios de su gobierno señalan la supuesta intención de China de ejercer más control sobre el Canal de Panamá y en infraestructuras claves del país, lo que llevó incluso al mandatario estadounidense a amenazar con retomar el control de la vía interoceánica. Tanto Panamá como China rechazan los señalamientos.
En un escenario entre dos potencias económicas, tanto el presidente Mulino hasta funcionarios de su gabinete apelan a la neutralidad del país, principalmente por el control del Canal, que fue operado conjuntamente con EE.UU. hasta que el Gobierno panameño se quedó con el control total a partir de 1999.
“La República de Panamá es un país que históricamente ha sido de vocación neutral. Panamá no discrimina contra ninguna nación”, dijo días atrás el ministro de Economía y Finanzas de Panamá, Felipe Chapman.
Santiago Peña, presidente de Paraguay, es uno de los aliados incondicionales del Gobierno de Trump, y llega al encuentro en un contexto político favorable y “ampliamente estable”, dicen los especialistas consultados por CNN.
“Hasta la fecha, su gobierno ha evitado los graves escándalos de corrupción y las crisis políticas que desestabilizaron a las administraciones anteriores en Paraguay”, señala André Masuko, analista de riesgos de países de Latinoamérica y el Caribe en el Economist Intelligence Unit (EIU).
Su partido, el derechista Partido Colorado (PC), tiene mayoría en ambas cámaras del Congreso, lo que le permite impulsar su agenda “promercado” con relativa facilidad, agrega el analista.
Entre los objetivos principales de su política exterior estuvo alinearse estrechamente con las prioridades políticas de Trump particularmente en materia de migración y seguridad, dice Masuko. Acuerdos como el de “tercer país seguro” —que permite trasladar a Paraguay solicitudes de asilo pedidas en Estados Unidos— y convenios de defensa y coordinación regional, como la cumbre de jefes de fuerzas aéreas americanas (CONJEFAMER 2025), posicionan al país sudamericano con un fuerte vínculo bilateral con el Gobierno de Trump.
En el caso de la tensión con China, Paraguay sigue siendo el único país de Sudamérica que reconoce diplomáticamente a Taiwán, lo que le da sus beneficios: “Si bien esto le impide establecer relaciones formales con China, refuerza la postura pro estadounidense de Paraguay en política exterior y lo protege de las medidas punitivas de Washington”.
Sin embargo, es poco probable que su vínculo con Beijing se vea amenazado, dice Masuko, y da dos razones: Paraguay tiene un peso geopolítico limitado y China sigue beneficiándose del comercio con el país al abastecer alrededor de un tercio de las importaciones paraguayas.
El presidente de República Dominicana, Luis Abinader, confirmó en sus redes sociales que había aceptado la invitación a la cumbre Shield of the Americas y dijo que su país tiene un compromiso firme para fortalecer “la estabilidad, la libertad y la prosperidad” de la región.
“Será un espacio de diálogo entre líderes de nuestra región, para abordar desafíos comunes como la seguridad, la migración y la cooperación económica”, dijo Abinader, que ha dejado en claro su intención de fortalecer las relaciones con Estados Unidos “y trabajar juntos contra el crimen organizado transnacional”.
En noviembre pasado y como parte de un nuevo acuerdo para fortalecer la vigilancia aérea y marítima, República Dominicana autorizó a EE.UU. a utilizar temporalmente una base aérea militar y un aeropuerto para operaciones antidrogas en el Caribe.
El interés de República Dominicana en la cooperación estrecha con el Gobierno de Trump tiene un objetivo principal: fortalecer la seguridad del país contra el crimen organizado. Con ese apoyo, desde 2020 República Dominicana ha logrado decomisar casi diez veces más drogas por año que en la década anterior, aseguró Abinader al referirse al acuerdo con EE.UU.
En paralelo, el país también mantiene con China relaciones diplomáticas desde hace más de siete años tras romper el vínculo con Taiwán en 2018. En septiembre pasado, ambos países firmaron un convenio de cooperación económica destinado a financiar proyectos de desarrollo en el país.
La primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, redefinió la política exterior del país hacia la agenda estratégica de occidente al asumir su segundo mandato en mayo pasado. Anteriormente más ligado a la cooperación entre países del Caribe, el Gobierno de Persad-Bissessar busca ahora afianzar cada vez más su alianza con Donald Trump.
Desde que Estados Unidos llevó a cabo el primero de numerosos ataques a una presunta embarcación con drogas en el Caribe, el Gobierno de Trinidad y Tobago defendió y elogió las operaciones y cooperó con ejercicios militares a pocos kilómetros de la costa de Venezuela meses antes de la captura del presidente derrocado Nicolás Maduro, lo que le valió la declaración de persona non grata del Parlamento de Venezuela.
Puertas adentro, Persad-Bissessar está teniendo un momento difícil, dice Imdat Oner, exdiplomático que estuvo acreditado en Trinidad y Tobago a cargo de los asuntos diplomáticos con la capital, Puerto España. “La oposición argumenta que su gobierno recurre excesivamente a los estados de emergencia, señalando que este es el segundo que se declara en respuesta al aumento de la violencia”, dice. El crimen organizado es una de las preocupaciones principales del país, y el Gobierno de Persad-Bissessar ha intentado demostrar mano dura con la seguridad.
Su decisión deliberada de acercarse lo más posible a Washington, “mucho más abiertamente que cualquier otro líder caribeño”, también le genera conflictos y deja a su gobierno cada vez más aislado de la región, explica Oner.
En ese contexto es difícil pensar que pueda mantener una relación equilibrada con China, de la que necesita inversiones para sostener la economía. “El desafío para su gobierno es que necesita tanto licencias estadounidenses como inversión china para mantener la economía en funcionamiento, y mantener ese equilibrio se hace más difícil con cada paso que da hacia Washington”, dice el exdiplomático.
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Estos son los líderes de América Latina invitados a la cumbre con Trump y todos tienen el mismo desvelo: ¿EE.UU. o China? News Channel 3-12.
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