Posible riesgo de autismo en niños. Células cancerígenas latentes que se reactivan. Envejecimiento acelerado del cerebro.
En mayo de 2023, funcionarios federales declararon el fin de la pandemia nacional de covid. Pero más de dos años después, un número creciente de investigaciones sigue revelando información sobre el virus y su capacidad de causar daño mucho tiempo después de que se resuelve la infección inicial, incluso en algunos casos en los que los síntomas fueron leves.
Estos hallazgos generan nuevas preocupaciones sobre las políticas relacionadas con covid durante la administración Trump, según investigadores.
Aunque algunos estudios muestran que las vacunas contra covid ofrecen beneficios protectores frente a efectos a largo plazo en la salud, el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus siglas en inglés) ha limitado drásticamente las recomendaciones sobre quiénes deben vacunarse.
Además, la administración frenó contratos impulsados durante el gobierno de Joe Biden que buscaban desarrollar vacunas contra covid más protectoras.
El gobierno federal está reduciendo estos esfuerzos justo cuando investigadores piden más fondos y, en algunos casos, seguimiento a largo plazo de personas previamente infectadas.
“La gente lo olvida, pero el legado de covid será duradero, y estaremos aprendiendo sobre sus efectos crónicos por mucho tiempo”, dijo el epidemiólogo Michael Osterholm, director del Centro de Investigación y Política de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Minnesota.
La administración Trump afirmó que la vacuna contra covid sigue estando disponible y que se alienta a las personas a hablar con sus proveedores de salud sobre lo que es mejor para ellas.
La vacuna contra covid y otras del calendario de vacunación de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC,por sus siglas en inglés) siguen estando cubiertas por los seguros, de modo que no es necesario pagar del propio bolsillo, indicaron funcionarios.
“Actualizar la guía de los CDC y ampliar la toma de decisiones clínicas compartidas restaura el consentimiento informado, da protagonismo a padres y proveedores de salud, y desalienta políticas ‘iguales para todos’”, dijo Emily Hilliard, vocera del HHS.
Aunque covid se ha vuelto menos letal, debido a la inmunización de la población y a mutaciones que han debilitado al virus, investigadores señalan que la politización en torno a la infección está oscureciendo lo que la ciencia confirma cada vez más: el potencial de covid de causar problemas de salud inesperados y posiblemente crónicos.
Esto, a su vez, según los científicos, impulsa la necesidad de más investigación, no menos, ya que a largo plazo covid podría tener importantes consecuencias económicas y sociales, como mayores costos en el sistema de salud y más demandas sobre programas sociales y personas cuidadoras.
El impacto económico promedio anual de los efectos prolongados de covid se estima en $1.000 millones a nivel global y $9.000 por paciente en Estados Unidos, según un informe publicado en noviembre en la revista NPJ Primary Care Respiratory Medicine. En este país, las pérdidas anuales por ingresos no percibidos se calculan en unos $170.000 millones.
Un estudio estima que la gripe generó $16.000 millones en costos directos de salud y $13.000 millones en pérdidas de productividad durante la temporada 2023-2024, según un informe del 30 de diciembre publicado en medRxiv, una plataforma en línea que difunde trabajos aún no revisados por colegas.
El alcance creciente de covid
Desde que surgió en 2019, desatando una pandemia que, según la Organización Mundial de la Salud, ha causado la muerte de más de 7 millones de personas, se ha aprendido mucho sobre covid. Para la primavera de 2020, ya se usaba el término “covid prolongado” para describir problemas de salud crónicos que pueden persistir tras la infección.
Estudios más recientes muestran que la infección por el virus que causa el covid, el SARS-CoV-2, puede generar riesgos elevados para la salud desde varios meses hasta más de un año después.
Por ejemplo, investigadores que han seguido a niños nacidos de madres que contrajeron el virus durante el embarazo han descubierto que podrían tener mayor riesgo de autismo, retrasos en el habla y el desarrollo motor, u otros desafíos del neurodesarrollo.
Otro estudio halló que los bebés expuestos a covid en el útero experimentaron un aumento de peso acelerado durante su primer año de vida, lo cual podría ser un indicador temprano de problemas metabólicos y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares en el futuro.
Estos estudios sugieren que evitar una infección grave por covid durante el embarazo puede reducir riesgos no solo durante la gestación, sino también para futuras generaciones. Eso podría ser otra buena razón para vacunarse durante el embarazo.
“Hay otros sistemas del cuerpo, además del cerebro fetal en desarrollo, que también pueden verse afectados”, dijo Andrea Edlow, profesora asociada de obstetricia, ginecología y biología reproductiva en la Facultad de Medicina de Harvard, quien participó en ambos estudios. “Definitivamente necesitamos más investigación”.
Los epidemiólogos señalan algunos desafíos emergentes específicos.
Un estudio del Reino Unido publicado en la revista New England Journal of Medicine encontró que personas que se habían recuperado por completo de infecciones leves de covid presentaban un déficit cognitivo equivalente a una disminución de tres puntos en el coeficiente intelectual. Entre los más de 100.000 participantes, estos problemas fueron mayores en quienes tenían síntomas persistentes, llegando a una caída de nueve puntos en quienes fueron hospitalizados en cuidados intensivos.
Ziyad Al-Aly, epidemiólogo clínico que ha estudiado los efectos a largo plazo de covid, hizo cálculos y estimó que el virus pudo haber aumentado el número de adultos con un coeficiente intelectual menor a 70 en Estados Unidos de 4,7 millones a 7,5 millones, es decir, un incremento de 2,8 millones de personas con un nivel de deterioro cognitivo que requiere apoyo social significativo, escribió.
“La gente se contagia y desarrolla covid-19, algunas personas se recuperan bien, pero otras empiezan a tener problemas de memoria, concentración o confusión mental”, dijo. “Incluso personas con síntomas leves. Puede que ni siquiera se den cuenta”.
Diane Yormark, de 67 años, residente de Boca Raton, Florida, lo entiende bien. Tuvo covid en 2022 y en 2023. La segunda vez, le quedaron secuelas como fatiga y una mente nublada.
“Me sentía como cuando tomas un poco más de vino de la cuenta la noche anterior y no estás del todo bien”, dijo Yormark, redactora publicitaria retirada, quien afirmó que los peores síntomas duraron unos tres meses tras la infección. “Algo de la mente nublada ha desaparecido. ¿Pero me siento como antes? No como era yo”.
Datos de más de una docena de estudios sugieren que las vacunas contra covid pueden ayudar a reducir el riesgo de infecciones graves, así como efectos de salud a largo plazo, aunque los investigadores indican que se necesitan más estudios.
Pero las tasas de vacunación siguen siendo bajas en Estados Unidos: solo alrededor del 17% de la población adulta reportó haberse aplicado la dosis actualizada para 2025-2026, según datos de los CDC al 16 de enero.
Funcionarios de la administración Trump, encabezados por el secretario de Salud y Servicios Humanos Robert F. Kennedy Jr., han reducido el acceso a las vacunas contra covid a pesar de la falta de evidencia nueva que respalde posibles daños. Aunque las vacunas fueron uno de los logros clave de la primera administración Trump, que lideró su desarrollo, Kennedy ha afirmado sin pruebas que son “la vacuna más mortal jamás creada”.
En mayo, escribió en X (antes Twitter) que los CDC dejarían de recomendar la vacuna contra covid para niños sanos y mujeres embarazadas, citando la falta de datos clínicos. Desde entonces, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) emitió nuevas directrices que limitan la vacuna a personas de 65 años o más y a individuos de 6 meses o más con al menos un factor de riesgo, aunque muchos estados siguen ofreciéndola de manera más amplia.
La administración Trump también detuvo casi $500 millones en fondos destinados a vacunas basadas en ARNm. Funcionarios y algunos legisladores republicanos han cuestionado la seguridad de esta tecnología, que ha sido reconocida con el Premio Nobel por su potencial para tratar diversas enfermedades más allá de covid, aunque se realizaron ensayos clínicos con decenas de miles de voluntarios antes de que las vacunas de ARNm estuvieran disponibles para el público.
Numerosos estudios, incluidos algunos nuevos de 2025, muestran que los beneficios de la vacuna contra covid incluyen la reducción de la gravedad de la enfermedad, aunque su protección disminuye con el tiempo.
Seguir los hallazgos
Investigadores afirman que se necesita más apoyo —y de mayor alcance— porque todavía hay mucho que no se sabe sobre covid y su impacto en el cuerpo.
La creciente conciencia de que, incluso en casos leves, existe la posibilidad de daño de órganos a largo plazo y muchas veces no detectado, también justifica una mayor investigación, según especialistas.
Un estudio publicado este mes en eBioMedicine halló que personas con problemas neurocognitivos —como cambios en el olfato o dolores de cabeza después de la infección— tenían niveles significativos de una proteína vinculada al Alzheimer en el plasma sanguíneo. eBioMedicine es una revista de acceso abierto, revisada por colegas, publicada por The Lancet.
En el cerebro, el virus provoca una respuesta inmunitaria que genera inflamación, puede dañar células cerebrales e incluso reducir el volumen cerebral, según una investigación con estudios por imágenes publicada en marzo de 2022 en la revista Nature.
Un estudio australiano con imágenes cerebrales avanzadas encontró alteraciones significativas incluso en personas que ya se habían recuperado de infecciones leves, lo cual podría explicar déficits cognitivos que persisten durante años. El autor principal del estudio, Kiran Thapaliya, señaló que la investigación sugiere que el virus “podría dejar un efecto silencioso y duradero en la salud cerebral”.
Al-Aly estuvo de acuerdo.
“No sabemos qué pasará con estas personas dentro de 10 años”, dijo. “La inflamación del cerebro no es algo bueno. Definitivamente no lo es”.
Esa respuesta inflamatoria también se ha vinculado con coágulos sanguíneos, arritmias y mayor riesgo de problemas cardiovasculares, incluso después de una infección leve.
Un estudio de la Universidad del Sur de California, publicado en octubre de 2024 en la revista Arteriosclerosis, Thrombosis, and Vascular Biology, encontró que el riesgo de sufrir un evento cardíaco importante sigue siendo elevado casi tres años después de una infección por covid. Estos resultados se observaron incluso en personas que no fueron hospitalizadas.
“Nos sorprendió ver efectos tanto tiempo después”, dijo James R. Hilser, autor principal del estudio y becario postdoctoral en la Facultad de Medicina David Geffen de la UCLA. “Independientemente del historial individual de enfermedades cardíacas”.
El covid también puede reactivar células cancerígenas y provocar una recaída, según una investigación publicada en julio en la revista Nature.
Los investigadores encontraron que el riesgo de morir de cáncer entre sobrevivientes de esta enfermedad era mayor en personas que habían tenido covid, especialmente durante el año posterior a la infección. La mortalidad por cáncer casi se duplicó en quienes dieron positivo, en comparación con quienes dieron negativo.
También se están descubriendo nuevos hallazgos sobre el potencial del virus para afectar a generaciones futuras. Investigadores australianos estudiaron ratones machos y descubrieron que aquellos que se infectaron y luego se recuperaron de covid presentaban cambios en su esperma que alteraron el comportamiento de su descendencia, haciéndola más propensa a la ansiedad.
Mientras tanto, muchas personas viven —y luchan— contra las secuelas del virus.
Dee Farrand, de 57 años, residente de Marana, Arizona, solía correr cinco millas y le iba muy bien en su trabajo en ventas. Se recuperó de una infección por covid en mayo de 2021.
Dos meses después, su corazón comenzó a latir de forma irregular. Farrand se sometió a una batería de pruebas en un hospital. Finalmente, su condición empeoró tanto que necesitó oxígeno suplementario durante dos años.
Su capacidad cognitiva disminuyó tanto que no podía leer, porque olvidaba la primera oración después de leer la segunda. También debía dejarse recordatorios de que es alérgica a los camarones o que le gustan los aguacates. Dijo que perdió su empleo y regresó a su ocupación anterior como trabajadora social.
“Yo era como el conejito de las baterías y, de repente, me cansaba tanto al vestirme que tenía que volver a la cama”, dijo Farrand.
Aunque ha mejorado, covid dejó una huella. Dijo que todavía no puede volver a correr las cinco millas que antes hacía sin dificultad.
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